Na Radio Local “Radio Eume”, D. Enrique fixo algúns programas que a súa vez foron recollidos por D. Xabier Martínez por escrito e que me pasou xentilmente no seu día para o traballo que fixen sobre a Obra de D. Enrique.
Con eles, D. Enrique, aportaba datos sobre monumentos, persoeiros… e outros acontecementos da nosa Vila.
O primeiro é sobre o monumento do traballador nos Sete Camiños e foi emitido no ano 1994.
MONUMENTO AO TRABALLADOR NOS SETE CAMIÑOS
“É unha escultura metálica que foi encargada polo “Axuntamento” e que se instalou aquí no Canal Catro para presidir a glorieta de o directos Carlos Fornos, director de ENDESA de feliz memoria e que morreu repentinamente hai tres anos. A escultura vai dedicada ós obreiros que traballaron aquí e que están traballando aínda en As Pontes. Ten unha forma triangular de 4 metros e medio de ancho por dez de alto. Foi construída na Coruña e transportada por unha grúa de 25 toneladas hasta onde está situada aquí.
O material co que se fixo é aceiro, bronce, cobre e outras aliaxes e foi feita polos artesáns irmáns Ramírez Casal. Agora vai ser iluminada con focos e adornada con arbustos selectos no seu entorno, tamén se lle vai poñer unha placa de metacrilato que leva a unha inscrición co motivo da obra. O texto desta placa di: “En lembranza de tódolos traballadores que exerceron algunha actividade na industria de As Pontes. Especialmente de cantos atoparon a morte no cumprimento da súa función”.
Así que, fáiselles unha especial función os que morreron, que foron moitos, principalmente na construción da segunda, da Gran Térmica. Non sabemos cantos serían porque moitos que non eran veciños de As Pontes, foron trasladados inmediatamente ás súas parroquias de orixe. Pero podemos pensar, que como mínimo uns trinta accidentes mortais que os houbo.
As decoracións que leva este monumento poden resultar estrañas, parecen debuxos pornográficos. Mais ben sendo así dende sempre nas obras dos artistas, dos que exercitan as belas artes, para destacar a persoa humana fronte a outros elementos acostuman representar á persoa espida. Neste caso a persoa atópase en loita coas máquinas, e as máquinas poden superala. Alí están debuxados elementos mecánicos asoballando ás persoas, incluso hai dúas imaxes copiadas do cadro “Guernica” de Picasso onde plasmou a preponderancia das armas da guerra sobre o ser humano. Mesmo así as esculturas da antiga Grecia e de Roma están representadas espidas, pero no con afán erótico, senón para apreciar a perfección lograda polo artista. En por iso que as figuras do monumento ó traballador non teñen contido erótico senón simbólico de como a máquina está eliminando a man de obra humana e ademais, moitas veces, causándolle a morte en accidentes.
En lembranza de todos os obreiros que houbo e que sigue habendo. Ogallá que siga moitos anos en actividade esta factoría, pois vai este monumento en lembranza de todos”.
(Enrique Rivera Rouco, Radio Eume 1994).
Texto e fotografías aportados por D. Xose María López Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes coa aprobación de D. Javier Martínez Prieto, sacerdote actual da UPA de Ortigueira a quen agradecemos o seu traballo e colaboración.
Cada vez que cuelgo el teléfono, después de hablar con mi madre un domingo a mediodía, suelo repetirme:
-bueno, ¡ya está! Hasta dentro de dos o tres semanas no volveré a llamarla.
Hablar con mi anciana madre, a punto de cumplir noventa años, me cuesta: repite siempre lo mismo, olvida todo lo que se le dice y cada vez sé menos de qué hablar con ella. Confinada en su residencia para personas mayores, es fácil comprender hasta qué punto se han reducido sus intereses. Por eso me pregunto cada día: ¿para que sirven unas conversaciones que acaban dando vueltas a lo mismo siempre?
Ya sé que mi madre espera estas llamadas. Mi sueño sería, sin embargo, muy otro: una conversación como la que tienen los amigos entre sí, cada vez que se abren uno al otro el corazón y se ponen a hablar sobre el misterio de la vida. Por desgracia, se abre un abismo entre nuestras generaciones y mundos respectivos. No hay posibilidad alguna de tal cosa.
Habrá muchos que estén pasando por una situación parecida a la mía. Es muy común en nuestros días. Habla de nuestra dificultad para comunicarnos, sobre todo cuando la vida y las circunstancias de cada uno nos han llevado por caminos diferentes. A mí me sirve de contexto para leer de nuevo aquel pasaje del evangelio de Lucas que solemos conocer como el de la «pesca milagrosa». Antes de referirse a la pesca, el relato en cuestión pone el acento sobre la Palabra de Dios y la necesidad de comunicación.
El relato lucano discurre en dos momentos. El primero alude a la predicación de Jesús: desde la orilla del lago predica a la multitud; ésta le deja tan poco espacio que decide subirse a una barca para seguir predicando. El segundo momento es aquel en el que Jesús pide salir a pescar lago adentro. El resultado es extraordinario. Para el propio Jesús será la ocasión de invitar a Pedro a seguirle y ser así, con él, pescador de hombres. El enlace que mantiene unidos estos dos momentos del relato es la palabra: la pesca milagrosa es el reflejo de la predicación de Jesús, a quien Pedro, Santiago y Juan quedarán unidos. Hay en esta palabra algo mágico. Las gentes se sienten atraídas por Jesús y le buscan. La pesca abundante simboliza, a su vez, el éxito que llegarán a alcanzar los discípulos de Jesús cuando sean ellos los predicadores de su palabra.
Esta primera lectura del evangelio apenas llegará a despertar nuestro interés. Nos habla de un mundo maravilloso, nada que ver con el nuestro: si Jesús ha triunfado, mejor para él, y, si han triunfado también Simón, Santiago y Juan, mejor para ellos ¿Qué nos importa a nosotros? Solo si volvemos a leer un poco más a fondo este relato podremos entender mejor su sentido ¿Nos hemos preguntado alguna vez de qué podía hablar Jesús para atraer tanto a la gente? ¿De moral, acaso? En absoluto. Poco antes, Jesús había dado comienzo a su ministerio en la sinagoga de Nazareth leyendo de nuevo al profeta Isaías y anunciando que acababa de empezar un tiempo en el que los esclavos iban a quedar libres, los ciegos iban a ver, los oprimidos se verían liberados de su opresión y todos podrían disfrutar de un año de gracia ¿Cómo reaccionaría cualquiera de nosotros si oyera algo así? Ahora podemos comprender por qué la gente acabó acudiendo a Él en tropel, llevándole sus enfermos y endemoniados para que los sanara y dejara libres. Una palabra que devuelve la vida es capaz de poner en pie a la gente. Pero, ¿cómo tener una palabra que devuelva la vida?
Sigamos leyendo el evangelio. Ya conocemos la escena. Jesús le pide a Simón que lleve la barca lago adentro para echar las redes. Ya lo habían hecho, la noche anterior, Simón y sus compañeros, sin éxito alguno. Pero ahora llega un momento decisivo. Simón le dice a Jesús:
«Porque tú lo dices voy a echar las redes»
Lo que Simón quiere decir es, más o menos, esto:
«La experiencia me enseña que es inútil pero, ya que tú me lo pides y como yo creo en ti, voy a hacer lo que me pides»
Lo que sigue ya lo sabemos. Pero hay otro momento en el que vale la pena fijarse: el de la reacción de Simón:
«Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador»
No podemos entender esta reacción de Simón si no admitimos, como hacen muchos biblistas, que el contexto originario de este relato es el tiempo después de Pascua, esto es, después de que Simón haya renegado tres veces de Jesús. Dicho de otro modo, ¿cómo es posible que yo, siendo como soy el primero en faltarle el valor y en sucumbir a múltiples tentaciones, pues no soy nada parecido a un héroe, haya sido llamado a dar una palabra capaz de suscitar la vida? Y, si fuera al contrario…Por haber metido la pata una y otra vez, por haber llorado y haberme arrepentido después, es por lo que ahora puedo hablar de la vida y tener un corazón que late al ritmo de los demás.
Tras esta lectura, ¿no vemos ahora hasta qué punto el evangelio nos concierne directamente a nosotros? Todos sabemos, en el fondo, qué es lo que les da vida a los demás, estén cerca o lejos de nosotros. Por pura intuición sabemos todos lo que necesita cada uno. El evangelio nos enseña que es dando vida como ponemos en práctica el mensaje de Jesús. Pero hay un problema: no siempre vemos los frutos, como cuando echamos una red al mar; además, ¿quién soy yo para compararme con Jesús? Precisamente yo, cuya lista de errores en la vida no para de crecer…Aquí llegamos a un momento decisivo para nosotros: ¿estamos dispuestos a decir, como Simón: «porque tú me lo pides lo haré»? Yo no tengo la impresión de haber sacado gran cosa en limpio pero voy a mantener abierta la comunicación.
Para terminar, me gustaría volver a mis conversaciones con mi madre. Como la red que se echa a un mar desconocido, es casi imposible calcular por entero el fruto de una conversación ¿Y mi palabra? ¿Suscita de verdad la vida? ¡Quién lo sabe! Hay algo, sin embargo, de lo que puedo estar seguro: al aceptar estas conversaciones, la palabra me transforma a mí. No podemos suscitar la vida si no entramos primero nosotros en ella. Si, al menos, no tenemos fe.
E seguindo cos escritos de D. Enrique recompilados por D. Xavier Martínez, hoxe imos cos relativos aos cruceiros do noso municipio pontés. Se cadra D. Enrique foi un dos primeiros en estudar e recoller datos sobre os nosos cruceiros. Somos un concello onde hai unha boa mostra destes exemplares, aínda que moitos están nun estado lamentable e outros xa se perderon. Levo estudando neles xa hai anos e algúns de cando comecei, por desgraza, xa non están. Outros xa nin cheguei a velos. O noso patrimonio perdido é abondoso, mais temos que centrarnos en conservar o que temos e dalo a coñecer. Isto foi o que fixo D. Enrique neste escrito sobre eles e que hoxe se presenta por xentileza, unha vez máis, de D. Xavier Martínez. A el, as miñas grazas unha vez máis.
CRUCEROS EN EL MUNICIPIO DE AS PONTES
Crucero de El Freijo -junto a la escuela -basamento de mampostería de pizarra- denota un carácter románico por la robustez y tosquedad del basamento, mástil y cruz, la cual lleva en los extremos formato de estilo románico, en imitación, ya que fue erigido en 1793 según inscripción,- Capitel de
Crucero de la Iglesia de El Freijo.– Sobre escalinata de gran tamaño, basamento cuadrangular con inserciones, que, como en todos los cruceros mencionan el nombre del fundador y la fecha, así como las indulgencias concedidas por el Obispo de Mondoñedo a quienes oren ante él. Mástil (hexagonal) o octogonal con figuras, en relieve, de los instrumentos de la crucifixión. Cruz con las imágenes de J.C. crucificado y de la Dolorosa, sobre capitel del orden Corintio. (mezcla Jónico con relieve con cabeza y alas de ángel). Característica especial de este crucero: el basamento contiene, en relieve, escenas del via-crucis, que usan los llamados “cruceros calvario”, siendo éste el único ejemplar en la Comarca. – José Bellas – 1823.
Crucero de la Capilla del Carmen.- Sobre escalinata basamento cuadrangular- el del reverso posee inscripción que dice. “devoción de Francisco Bouza, de Grañas del Sor, año 1828” El del anverso tiene, en relieve, las imágenes de Sta. María Magdalena y de la Dolorosa. Una cara lateral, ilegible, consigna las indulgencias. Característica especial.- Es uno de los pocos ejemplares en Galicia que, en vez de la Dolorosa, lleva la Virgen con el Niño en el brazo, en la cruz terminal que por el reverso tiene la imagen del Crucificado. Opina Álvaro Cunqueiro que esta modalidad de la Virgen con el Niño es una alegoría a la maternidad de la mujer gallega. Mástil hexagonal; capitel corintio.- Jónico.
Crucero de la Iglesia del Poblado.- Es el crucero primitivo del Pueblo, antes situado en la Plaza del Hospital, frente a la Farmacia de “La Fuente”. Arbitrariamente trasladado a Las Campeiras en 1920, por el entonces alcalde y finalmente donado a la Empresa Calvo Sotelo que lo situó en el lugar actual. Cruz bien lograda con el Crucificado e imagen de “La Piedad”, escalinata y basamento de estilo gótico, con imagen, en relieve, de la Asunción (Patrona de As Pontes). Mástil hexagonal con el relieve de una corona real, símbolo del realengo de nuestra Villa (Feudo de concesión real). En la parte alta debajo de su capitel corintio, posee, en relieve, signos heráldicos: hojas e lis (símbolo de la nobleza) y manojos de espigas de trigo (símbolo de la agricultura); es decir, Villa de la nobleza y Villa agricultora. En su conjunto es el crucero estéticamente mejor logrado en la zona. Se le nota en el mástil la falta de alguna otra figura que perdió en el trasiego de que fue objeto, así como dos mini figuras de ángel que debajo de las manos recogían la sangre con sendas copas. Estilo del siglo XV- (Imágenes en el mástil de la Crucifixión) .
Crucero de la Capilla de S. Roque de El Val de Seoane (hoy, situados junto al cementerio de Goente) Logrado en toelo con única figura en la cruz (la del Crucificado); capitel sencillo. Característica especial: en el basamento tiene una hornacina (pequeño hueco) donde antaño poseyó una imagen escultórica. Este modelo de cruceros se denominan “Crucero Loreto”. Es el único ejemplar de la Comarca.
Crucero de la Iglesia de Ribadeume.- Ejemplar corriente en la zona; escalinata, basamento (cuadrangular), capitel corintio, mástil hexagonal, cruz con la Dolorosa y el Crucificado. Relieves de los instrumentos de la Pasión en el mástil.
Texto e fotografías aportados por D. Xose María López Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes coa aprobación de D. Javier Martínez Prieto, sacerdote actual da UPA de Ortigueira a quen agradecemos o seu traballo e colaboración.
Muchas veces pedimos a Dios ver las cosas con sus ojos. Quisiéramos verlas como las ve Él. Con los ojos de Dios y no con los nuestros. Pero, ¿nos hemos preguntado alguna vez si esto es realmente lo mejor para nosotros? En un poema religioso de Damaso Alonso hemos encontrado estos versos:
«Nosotros vemos la creación como hombres; Dios solo como Dios. Mas lo abismal es esto: que no puede dejar de verla como Dios»
Por eso, «para ver humanamente su Creación, necesita mirarla a través de mis ojos…». Y, si en el sentir del poeta, Dios necesita ojos humanos para ver su Creación, ¿no los voy a necesitar yo? Entre lo sublime y lo terrible, entre el Ángel y la bestia, ¿quién podrá reconocer a simple vista la marca que permite distinguirlos?
A lo largo de mi vida he escuchado a muchas personas, sincera y profundamente religiosas, poniendo a Dios por sujeto de sus propios pensamientos. No hablaban acerca de Dios. Hablaban, de alguna manera, en su nombre. Como si Dios hablase por su boca. O como si, en el fondo, ellos mismos fueran capaces de ver las cosas no ya con sus propios ojos sino con los ojos de Dios.
«¿Te has preguntado si Dios quiere esto o aquello de ti? ¿No es ésta la voluntad de Dios para ti? Dios quiere esto o aquello. Esta o aquella es la voluntad de Dios para mí…»
En forma de pregunta o de afirmación explícita, la superioridad de la voluntad divina sobre la humana es puesta de manifiesto. No se trata de mi ver o querer. Se trata de otra mirada y de otra voluntad que alguien, merced a un don o intuición singular, es capaz de manifestar.
Es lo que pasó en aquella sinagoga de Nazaret entre los paisanos de Jesús. Después de oírle decir «que hoy se estaba cumpliendo la Escritura que acababan de escuchar», empezaron a preguntarse unos a otros:
«¿No es éste el hijo de José?»
¿Cómo podía ser que su propio paisano hubiera tomado la palabra en la sinagoga con semejante autoridad? Vistas las cosas con los ojos de Dios, Jesús era un hombre cualquiera, alguien cuyo origen era sobradamente conocido entre sus propios paisanos ¿Cómo podía hablar un simple hombre como si fuera superior a todos los demás? El germen de la posterior acusación de blasfemia contra la persona de Jesús estaba sembrado.
De hecho, el germen va a germinar enseguida. Si los paisanos de Jesús veían las cosas con los ojos de Dios, Jesús las va a mirar con sus propios ojos. Va a mirar la creación humanamente. El escándalo no se hará esperar. Para el pueblo elegido, Dios es su Dios. Su pueblo es la niña de sus ojos. Ante unos ojos humanos, en cambio, lo primero no es Israel -la Iglesia en sus sacramentos, diríamos nosotros-. Lo primero, ante la mirada humana, es el sufrimiento, allí donde aparezca.
Por eso, cuando Jesús propone a la viuda de Sarepta, en tiempos del profeta Elías, o al sirio Naaman, en tiempos del profeta Eliseo, como elegidos por Dios los paisanos de Jesús rompen en cólera ¿Cómo va a elegir Dios a unos gentiles y los va a preferir a su pueblo elegido? Dios no puede contradecirse a sí mismo. Sus ojos están puestos en Israel y en nadie más.
Lo que los paisanos de Jesús no entienden es que los ojos de Dios, como dice el poeta, «necesitan de los nuestros para ver humanamente la Creación». Los ojos de Dios son también los ojos de su Hijo, hecho hombre por nosotros. Dios necesita de sus ojos. También nosotros necesitamos de los demás para ver y comprender mejor la realidad. Cuatro ojos ven más que dos. También nosotros necesitamos ojos humanos. Razón humana para comprender la Verdad revelada por la fe. Sin razón ni sentimientos humanos, la fe se queda ciega, aparecen las tinieblas de los fundamentalismos y los hombres empiezan a confundir sus opiniones con dogmas.
Si Dios necesita de unos ojos humanos para ver humanamente su creación, ¿no los vamos a necesitar nosotros?
Seguimos cos artigos de D. Xabier publicados na páxina web de Amigus, neste caso trátase dun documento que D. Enrique transcribe sobre os abusos (en tributos abusivos) do Señor de Lemos sobre os veciños de As Pontes.
RECUPERANDO DATOS DE AS PONTES SEGUNDO D. ENRIQUE RIVERA ROUCO
Na Asociación de Estudos Históricos e Sociais “Hume” contamos con escasas copias de algúns dos poucos apuntes que Don Enrique Rivera Rouco nos deixou. De cara a que podan estar ó alcance de todos paso a facilitalos en entregas semanais á web de amigus Nesta ocasión trátase dun documento que deixa constancia dos tributos abusivos que debían pagar os veciños de As Pontes ós Lemos, e de como estes se rebelaron mediante este documento e a través do cura da parroquia. Queda constancia de moitos de estes cobros tamén nos libros da Confraría do Santísimo no fondo do Arquivo Diocesano de Mondoñedo.
Xabier Martínez
Transcrición de D. Enrique Rivera Rouco a un documento de 21 de novembro de 1756 (propiedade do Arquivo Diocesano de Mondoñedo):
“En la Villa de las Puentes de García Rodríguez, a veintiún días del mes de Noviembre del año de mil setecientos cincuenta y seis, ante mi Notario y Testigos que aparecieron presentes Fernando Antonio de Bouza, Joseph (ilegible) y demás Testigos de Ella, por los que dijeron que presentan Caución ante la forma en que obran -vuestros valedores- y todo lo por ellos hecho, que requiere la expuesta obligación de que sus súbditos le hagan información, dijeron que por cuanto toda esta jurisdicción tiene cargado a su impuesto, de la Excma. Condesa de Lemos, los derechos de Alcabalas por los que esta Villa y Feligresía pagan cierta cantidad de maravedíes, en dos plazos cada año. Como dichos derechos tuviesen efecto (afectasen) a la Cofradía del Stmo. Sacramento, el Cura de dicha Parroquia (D. Faustino López-Santomé y Aguiar), respecto a la costumbre inmemorial de cobrar Alcabalas, de los cuales en toda esta Feligresía siendo (los Cobradores) de fuera de ella venden vienen raíces a cualquier género de personas; por lo mismo, en el mejor modo, vía y forma en que haya lugar, y de mandato de los Mayordomos -en nombre de la Cofradía del Smo. Sacramento: Bonifacio do Barro, Mayordomo actualmente de esta Feligresía para las citadas Alcabalas hasta el año setecientos setenta y cuatro inclusive- (ilegible) aplicando un porcentaje según especifica (ilegible) concede poder al Bonifacio y demás Mayordomos para cobra las Alcabalas otorgar recibos y recurrir a los Tribunales con amplitud de poderes (ilegible)”.
Anotaciones al texto dejadas por Don Enrique: – Acta notarial dirigida a la Condesa de Lemos en protesta por los abusos de los Exactores del tributo de “Alcabalas” que antes si vendían bienes raíces de los Colonos. – El documento informa a la Condesa de una decisión del Pueblo de Puentes, representado por su Párroco, Mayordomos de la Parroquia y Testigos comparecientes: 1) – Acuerdan que los Vendedores coticen el pago correspondiente a los bienes enajenados. 2) – Se conceden atribuciones a los Mayordomos para efectuar esos cobros, expedir recibos y defender esta postura ante los Tribunales.
NOTAS: 1) – La entonces Condesa de Lemos, Dueña de Puentes, era Dª Rosa de Castro, sobrina y heredera de D. Ginés de Castro, undécimo Conde de Lemos. 2) – Alcabala era un tributo por todas las operaciones de permuta o enajenación de bienes. 3) – Caución era recurso de providencia para que no sucediera un daño. 4) – Siguiendo la costumbre de entonces, el Notario redactor de este documento no consigna su nombre sino la divisa “en testimonio de verdad” y su rúbrica de rasgo característico. 5) – El documento posee una nota marginal al lado del sello (de Fernando VI), con distinta tinta, que dice: “No tiene aprecio ni merece consideración”.
Nota insertada después por algún cómplice o simpatizante de los informales cobradores de “Alcabalas” (se nota en el estilo contundente de la frase).
El documento es de inestimable valor, ya que responde a un auténtico problema de abuso y opresión sufrido por nuestro Pueblo de Puentes en 1756.
Fdo. Enrique Rivera Rouco
Texto e fotografías aportados por D. Xose María López Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes coa aprobación de D. Javier Martínez Prieto, sacerdote actual da UPA de Ortigueira a quen agradecemos o seu traballo e colaboración.
Yo he vuelto. Quiero decir que, cuando ya no sabía a dónde ir, qué rumbo tomar en la vida, comprendí que me quedaba una oportunidad: volver a la tierra de mis padres. No ya a la ciudad donde me nacieron y criaron sino a los lugares donde nacieron y se criaron ellos. Así, mi viaje sería un regreso.
A una ciudad no se vuelve porque no se ha ido nadie de ella. Las ciudades son indiferentes a los que vienen o van. Cuando uno se va, no se va sin ella. Cuando uno vuelve, siente que no se ha ido nunca del todo. La ciudad ni despide ni recibe. Está ahí siempre: ensimismada en sus prisas y artificios, en sus calles antiguas y sus anchas avenidas.
Igrexa de Santiago de Silva ( Pol – Lugo)
No en vano suele decir «mi pueblo» el que lo tiene. El que no tiene pueblo por ser de ciudad no dice «mi ciudad» con el mismo amor de quien ha nacido en un pueblo. Como Jesús, el nazareno. Lucas dice de él que volvió
«al lugar donde se había criado».
Nazaret no es Jerusalén. Ni Seforis o Tiberiades. Las ciudades se recomiendan a sí mismas. A nadie echan de menos.
Los pueblos y lugares como Nazaret siguen, en cambio, dentro de quienes un día se fueron y regresaron a ellos con el tiempo. Sin ellos se quedan un poco más vacíos. Con ellos de vuelta se llenan de alegría.
Cuando Jesús entró en la sinagoga de Nazaret según su costumbre,
«se puso en pie para leer y se le entregó el libro del profeta Isaías…»
No se le dio. Se le entregó para que lo leyera en voz alta. No es lo mismo dar que entregar. Uno puede disponer de aquello que se le da. De lo que se le entrega, en cambio, no puede disponer. Entregar es confiar algo valioso, no solo para el que lo recibe sino también para los demás. A Jesús no se le da el libro sagrado. Se le entrega para que los demás puedan escucharlo en su voz. Es suya la voz, no la Palabra. Pero, al darle voz, los oyentes descubren algo inesperado: de Jesús es la voz y también la Palabra. Es la Palabra misma la que habla en boca de Jesús.
«Los ojos de todos en la sinagoga se quedaron fijos en Él»
El descubrimiento inesperado de los oyentes obra su efecto. La Palabra de Dios siempre había sido la Palabra de Dios. Nunca se había escuchado así. Nunca había sido la palabra de un ser humano cualquiera. Más que entregada, era ahora una palabra dada. Era la palabra que se da al que necesita solo eso, nada más y nada menos que una palabra de aliento, de gracia, de esperanza.
Una sola palabra es todo lo que necesitamos para sanar. Lo sabía el centurión que tenía enfermo a su criado. Lo saben también los oyentes de Jesús en la sinagoga de Nazaret. En la voz y en la persona del Hijo de Dios la Palabra divina se hace palabra humana. La Palabra que se entregaba en la sinagoga para que todos la escucharan se empieza a dar a cada uno para que sane y recobre las ganas de vivir. Verdaderamente escuchamos en labios de Jesús:
«Hoy se ha cumplido esta Palabra que acabais de oír».
Se ha cumplido no en Jerusalén, la ciudad indiferente y populosa, sino en Nazaret, el pueblo que se llena de alegría a la vuelta de Jesús. Cuando uno ya no sabe qué rumbo tomar en la vida, que regrese como yo he hecho. Es acaso la única manera de salir adelante. Hay que volver con Jesús a Nazaret. Volver, siempre volver.
Siempre he pensado que firmeza y suavidad se necesitan. Que la firmeza sin clemencia es dureza. Y la suavidad sin vigor, una solemne tontería. Por eso el arte de mandar es la habilidad de combinarlas en la justa medida: una parte de rigor y dos de calma, o al revés según el caso. Manda el humilde, el que vale para servir.
Ahora pienso, sin embargo, que no se han de alternar sino de conjugar. En la firmeza misma no ha de faltar la suavidad ni en ésta, a su vez, aquélla. Los contrarios no alternan: se transforman. La indulgencia transforma la firmeza y ésta, a su vez, la suavidad: ambas salen ganando. El agua se transforma en vino y el vino llena las tinajas para el agua en las bodas de Cana.
Vemos allí el agua fría, alojada en grandes tinajas de piedra. Difícil encontrar más clara imagen de una firmeza dura y fría que sirve para purificarse pero no para entregarse. Para cumplir con un rito pero no para llenarlo de sentido. Para sentirse puro pero no tierno. El milagro de Jesús sobre el agua de aquellas tinajas en la vida de unos hombres que se han quedado sin vino cuando más lo necesitan es un signo. El vino no baja del cielo. Transforma el agua. Convierte el rito en una fiesta.
«La madre de Jesús estaba allí…», nos dice el evangelio. Como el agua en las tinajas de piedra. Como los novios que se han quedado sin vino el día más dichoso de sus vidas. Eche o que hai, dirá el gallego. Es lo que hay. El jarro de agua fría o el golpe donde más duele. La vida es así y el rito, hecho sin ansia, nos lo recuerda. Es agua que corre por el río del vivir.
Pero Jesús y sus discípulos son invitados a la boda. Habría otros muchos. Solo de Jesús y los suyos se dice abiertamente que fueron invitados, «llamados», al acontecimiento. Y, si fueron llamados, fueron, sin duda, esperados. En medio de los imprevistos de la vida, capaces de cambiarla en un momento, no debía faltar la esperanza. Esperar el día de la boda y que no faltaran a ella los invitados más queridos, ¿no era lo mejor que podían hacer?
«No tienen vino», le dice a Jesús su madre. Es lo que dice el que espera un milagro antes de resignarse a no esperarlo. El que no sabe qué hacer y callar tampoco. Porque no se puede hacer nada. Manda el que vale, pero no para mandar sino para servir. Y, cuando no se puede hacer nada, es la hora de servir. No es la hora de reinar, como piensa la madre de Jesús:
«aun no ha llegado mi hora»
Aun no ha llegado la hora de Jesús. Es el tiempo de servir y acompañar. El tiempo de estar allí donde nos necesitan o nos esperan. De transformar el agua en vino, el rito en fiesta, los sinsabores de la vida en signos para la esperanza, el rigor en suavidad consoladora. Porque el vino bueno lo reserva Jesús para el final. No se sirve al principio del banquete como los discursos o las promesas que no se piensan cumplir. El vino bueno se reserva para ese momento en el que no se puede hacer nada. Es entonces cuando firmeza y suavidad se necesitan.
Seguindo cos datos publicados por D. Xabier Martínez sobre D. Enrique, hoxe toca falar dun escrito de D. Enrique sobre Dona Pilar Silva e que imos reproducir despois dunha introdución de D. Xabier.
SOBRE E CARTA ORIXINAIS DO ESCRITO SOBRE PILAR SILVA QUE ENRIQUE RIVERA ROUCO REALIZOU PARA A SEGUNDA EDICIÓN DO LIBRO DE PILAR SILVA
En 1997 publícase un libro adicado a Pilar Silva (Pilar Silva, Muller crente e comprometida, editado por D. Segundo L. Pérez López), recollendo algúns dos seus escritos, así coma varios testemuños de xentes que a coñeceron de preto. Entre eses testemuños publicouse de novo o pasado artigo de don Enrique Rivera. O tempo quixo que se fixese unha nova edición con novos testemuños no 2003. Para esa edición don Enrique quixo enviar un novo testemuño e fíxoo, nesa ocasión a través de min, entregándome na Residencia “A Magdalena”, á que os cregos do Equipo Pastoral íamos a celebra-la Eucaristía onda el, a seguinte carta orixinal que aínda gardo, e que enviei transcrita a través de correo electrónico para a súa edición.
Xabier Martínez
Fotografía do sobre
Transcripción
“Recordando a Pilar Silva Barro”
Pasados unos cuantos años después del fallecimiento de Pilar Silva y meditando sobre su intachable personalidad tan abundantemente demostrada en el servicio desinteresado al prójimo, me place subrayar algunas peculiaridades a Ella vinculadas, como son: el considerar como el hombre no es solo alma sino también cuerpo y el ambiente social y cultural donde vive, puntos de partida en sus mediaciones para con el mismo; como en la gran familia humana están latentes un conjunto de afanes, fracasos y victorias que la condicionan, y como la vocación del cristiano no tiene en la tierra otra finalidad que la que tuvo Jesucristo: llevar la felicidad a todos, sin distinción de ningún género, quitando por doquier lo que hace sufrir; con su cariño, sus visitas y ayudas incluso materiales o económicas, con que asistía a los pobres o desvalidos por algún contratiempo.
Por ello podemos afirmar que tenía en su mente y en su corazón perfectamente dibujados lo que deben ser la dignidad de la persona humana y la misión de cada integrante de la Iglesia en el mundo actual.
Su labor, pues, consistió en reflejar, con conducta fundamentalmente caritativa, la obra misma de Dios, al ser tan humilde y ser un testimonio viviente de estar empapada de Cristo. Una perfección personal digna de todo encomio y aplauso.
Siguiendo su ejemplo hemos de desarrollarnos en relación con el mundo como personas y como cristianos superándonos a nosotros mismos.
Enrique Rivera Rouco.
Fotografías da carta enviada por D. Enrique Rivera Rouco
Texto e fotografías aportados por D. Xose María López Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes coa aprobación de D. Javier Martínez Prieto, sacerdote actual da UPA de Ortigueira a quen agradecemos o seu traballo e colaboración.
El próximo domingo 16 de enero de 2022, día de la Infancia Misionera, recibiremos la visita de D. Fernando García Cadiñanos a As Pontes, motivo por el cual invitamos a todas las personas que quieran asistir a que acompañen a nuestro Obispo en su visita para conocer As Pontes.
Será recibido a las 11:45h en la Plaza de la Iglesia por los feligreses que deseen participar. Es importante llevar puesta la mascarilla , distanciamiento social y cumplir la normativa sanitaria vigente.
A las 12h presidirá la Eucaristía acompañado de los sacerdotes encargados de la Unidad Pastoral de As Pontes, D. José Vega Pérez y D. Manuel Ares Fernández.
Foto de D. Fernando García Cadiñanos. Página de la Diócesis de Mondoñedo – Ferrol.
Rematados os artigos publicados na Revista das Festas Patronais por D. Enrique, imos dar paso a outra serie de artigos del recollidos polo sacerdote D. Xavier Martínez Prieto, ao que sempre estarei agradecido polo seu traballo encol da nosa Historia Pontesa e da creación de “HUME” Asociación de Estudos Históricos e Sociais, que aínda segue vixente na actualidade.
D. Xavier publicou estes artigos na páxina Web de AMIGUS e moi xentilmente me deixou reproducilos, incluíndo as fotos, no libro ”Don Erique Rivera Rouco, a súa vida e a súa obra” e que vou tratar de expoñer nesta páxina.
A D. Xavier e meu agradecemento, unha vez máis. (As fotos tamén son as publicadas por el).
Despois de catorce anos, nos que D. Enrique estivo de coadxutor na Parroquia de Santa María de As Pontes, foi nomeado polo bispo D. Miguel Ángel Araujo Iglesias, como párroco da Parroquia de Roupar, no concello veciño de Xermade-Lugo, seguindo cos seus estudos e publicacións como Cronista Oficial de As Pontes e facendo, ao mesmo tempo, estudos sobre a súa Parroquia de Roupar.
O artigo de hoxe vai precisamente sobre isto, é dicir, o que D. Enrique pescudou sobre a súa nova parroquia, pois o seu interese e preocupación pola Historia do lugar e a conservación patrimonial era algo que levaba moi dentro. Así, ademais dos estudos, propiciou a restauración do Templo Parroquial no ano 1993; e, máis tarde, no 1967 a da súa espadana.
LA PARROQUIA DE ROUPAR Y SUS CAPELLANÍAS (I).
En 30 de Enero de 1250, mediante documento firmado en Betanzos, el rey Fernando III confirmó al Convento de Meira (Lugo) el “Coto” de Roupar, antes ya donado por su padre Alfonso IX de León.(1) Posteriormente los conventos de Meira y Monfero (cuyas propiedades llegaban a Xermade) disputaron entre si la posesión de esta parroquia y limítrofes. En el siglo XVIII la Organización Administrativa del Rey Carlos III dirimió este litigio creando el hasta entonces inexistente municipio de Xermade, cuyo término pasó en consecuencia a ser regido por el Gobierno Nacional que, desde esa determinación, dispuso del señorío de esta Comarca.
Partiendo de estos datos y, habida cuenta de que en el siglo XVIII fue dueño de Roupar el Conde Amarante, del que existen referencias en la Parroquia, así como su pazo y la Capilla de San Roque por él fundada en el barrio de La Torre; y teniendo también en cuenta que la redención de los “foros” o cánones forales de Roupar fue verificada en 1927 por el Conde de Pallares, hecha la investigación sobre los linajes en la Historia de Galicia, se deduce claramente que el Sr. Amarante recibió en el siglo XVIII de parte del Reino el dominio de Roupar, que luego pasaría al Conde de Pallares por emparentamiento y sucesión de estas familias nobiliarias.
El título de conde de Amarante, fuera concedido por el real despacho del Rey Felipe IV el 31 de Agosto de 1648 a Juan de Lemos y Sarmiento, hijo de Alonso de Lemos y de Juana de Acuña, señores de Amarante, cuya jurisdicción comprendía fundamentalmente varias parroquias del Ayuntamiento de Antas de Ulla (Lugo) y sus sucesores se extendieron a más territorios lucenses, como Villasante, Ferreira, A Mota, Trabada y otros, entre ellos el “coto” de Roupar en el siglo XVIII.
Compone el escudo de armas de Amarante un blasón con corona condal, fondo de plata y trece redondeles de color azul. El pazo de su propiedad en el barrio de La Torre de Roupar poseía en la fachada un ejemplar de granito de este escudo, que lamentablemente fue destruido en una reforma del edificio. Un sobrino político de su hermana y heredera, Constanza de Lemos, llamado Sancho Arias y conocido por “el conde Sánchez” erigió en Roupar la ermita de la Virgen del Carmen y San Cayetano en el lugar de Campo Novo.
De la provisión de tal capellanía hay expedientes en el Archivo diocesano de Mondoñedo. La familia Amarante venía emparentada con las casas de Taboada y Vázquez de Parga, sucesores del Conde de Pallares, en el siglo XIX, cuando fue desaparecido el nombre de “Pallares” por falta de sucesión en línea recta. El Rey Fernando VII, en real despacho del 26 de julio de 1816, confirmó el título de Conde a Manuel José Pallares y Correa, Señor de Outeiro de Rey y Regidor perpétuo de Lugo.
Al no tener descendencia directa ha ido transcurriendo el título entre tíos y sobrinos, entre los que destacó D. Manuel Vázquez de Parga, nacido en Penas Corveiras (Villalba), poeta, escritor y periodista, fundador de los periódicos “Correo de Lugo” y “Eco de Galicia”. En 1823 la mansión principal de los Amarante fue derruida durante la revolución del Comandante Riego contra Fernando VII, al asaltar los constitucionales de Riego la morada solariega de Amarante que se había pronunciado a favor del Rey.
Igrexa Parroquial de Roupar
A partir de aquellas fechas las propiedades de esta casa señorial pasaron a los descendientes de Pallares y al marquesado de Medinacelli. Nuestros antepasados de Roupar pagaron a los Señores de Pallares el “canon foral” que anualmente iban a entregar, en víspera de Navidad, al residente en el pazo de Parga, y que consistía en reales de vellón y pares de capones ya dispuestos para ser guisados. En el año 1927 el Primer Ministro de Alfonso XIII, General Primo de Rivera, ordenó que estas posesiones forales fueran redimidas mediante un bajo valor de tasa, con lo que se extinguía el secular dominio feudal.
Placa na Igrexa Parroquial
Las personas mayores de la Parroquia recuerdan como sus padres, en esa fecha, se desplazaron a Parga a redimir sus lugares, abonando el rescate establecido, al IV Conde de Pallares y ordenador de pagos del Ministerio de Hacienda D. Ramón Vázquez de Parga y de la Riva; siendo aquella fecha memorable y gozosa al verse libres de la dependencia señorial y propietarios de los bienes de que hasta entonces habían sido colonos, obteniendo el perfecto dominio de sus casas y fincas rústicas que en la actualidad disfrutan.
Esta extinción del feudalismo opresor sucedió afortunadamente en esa fecha a nivel de toda Galicia.
(De Enrique Rivera Rouco, agosto de 1990)
La Iglesia Parroquial
Espadana antes da restauración
Posee una gran antigüedad como demuestra su estructura: campanario separado al estilo medieval; doble fachada con alboyo intermedio; única nave, de 20 m. de longitud, con cúpula sencilla en el presbiterio, al que se accede bajo un arco de medio punto; cielorraso artesonado de madera en forma trapezoidal; retablo mayor de estilo barroco sobredorado en oro, y dos retablos laterales con arte churrigueresco, situados en sendas hornacinas coronadas con arcos también de medio punto; dos departamentos paralelos al presbiterio, dedicados uno a sacristía y el otro a trastero. Presenta una decena de imágnes talladas en madera muy antiguas, entre las que, por su vetustez, destaca la del patrono San Pedro Félix.
Su estado de conservación es un tanto defectuoso, por haber sufrido hace 22 años el impacto de una descarga eléctrica de una tormenta, que, entre los desperfectos, derribó la cúpula del campanario. Restaurada en 1993 con techumbre nueva de madera noble de castaño, piso de piedra serrada, lucidos, etc., con lo que recobró su antigua esplendor.
Espadana tras a súa restauración
(De Enrique Rivera Rouco, noviembre de 1991)
Capilla de San Miguel de Buscalte
Se halla esta ermita en la parte Este de la Parroquia de Roupar, en dicho Barrio, situado en las estribaciones de la sierra “Pena da Cruz”.
A juzgar por su estructura y objetos, posee al menos tres siglos de existencia: Retablo churrigueresco, bien obtenido, con dorado de oro en regular estado de conservación; pavimento de losas de pizarra; techumbre rústica construida también con piezas de pizarra muy gruesas y antiguas; cielorraso artesonado de madera de roble.
Contiene tres imágenes antiguas: una, la del patrono, y otra de advocación desconocida conseguidas en talla de madera y una Virgen del Carmen con vestido de tela.
No tiene espadaña sino una simple cruz sobre el ángulo de la fachada.
Se encuentra cercada, respectivamente por el norte y el sur, de un robledal, que fueron escenario de las meriendas y fiestas de los romeros que antaño allí acudían el día del Patrono (el 29 de septiembre). Actualmente solo tiene lugar la Misa de romería en esa fechad, y alguna otra que los devotos piden. Este santuario no procede de institución señorial, sino que fue construido por devoción popular, cual se deduce de no haber sido dotado de capellanía fundacional, ni dueños o “patronos” propios, así como tampoco existen en el Archivo Diocesano expedientes de su provisión.
Según la tradición oral de los mayores de esta parroquia, hace varios siglos la Casa de Vérez del Barrio de la Armada construyó esta Capilla, y a lo largo de los años fueron sucesores de esta casa las familias: Vérez López, Pardo Vérez, Pardo Amarelo y otros.
El edificio, aunque inicialmente fue propiedad privada, al difundirse la sucesión, ese dominio se quedó en simbólico y actualmente está bajo la jurisdicción eclesiástica de la diócesis.
(De Enrique Rivera Rouco, 10 de enero de 1996)
San Roque de la Torre
Roupar era uno de los feudos otorgados al Convento de Meira en el siglo XIII por el Rey Alfonso IX de León. Colindaban sus posesiones con las del Convento de Monfero en las tierras limítrofes por el lado Oeste. En los siglos posteriores ambos conventos entraron en controversia acerca del dominio de la zona. El rey Carlos III dirimió el litigio creando el Concello de Xermade en 1760, por lo que los terrenos en cuestión cayeron bajo el fuero y competencia de la Corona; si bien supeditados a la nobleza a que entonces estaban conferidos: al Condado de Amarante las comarcas de Roupar y Lousada.
Tal señorío había sido fundado en Antas de Ulla (Lugo) por el Rey Felipe IV en 1648 y, sucedido en descendencia, por la Casa de Ozores, aunque conservando el nombre de “Señores de Amarante”. Llegó a poseer numerosos beneficios eclesiásticos y propiedades, entre ellas los “Cotos” de Roupar y Lousada.
Su titular de principios del siglo XVIII erigió en el valle de La Torre una mansión de estancia, todavía existente que, por más que sufrió reformas, conserva el aspecto señorial; y erigió también la Ermita de San Roque, donde se celebra la tradicional romería del 16 de agosto, la cual ostenta su estructura primitiva.
Manifiesta un estilo de transición entre el barroco y el neoclásico, poseyendo el retablo un frontispicio con hojas serpenteantes de imitación barroca, columnas con relieves que presentan flores y encabezadas por volutas y hojas de acanto; todo ello originariamente dorado en oro.
Posee las imágenes antiguas de San Roque, San Francisco y de la Inmaculada; un cielorraso artesonado de madera de roble; suelo con lajas de pizarra, carcomidas por el uso multisecular; viacrucis simple a base de barrotes de roble. No tiene espadaña, y la puerta de entrada está dirigida a un ventanal de la cercana “Mansión”, desde donde el Señor Amarante atendía a la Misa sin salir del edificio.
Tuvo capellanes propios, de cuyo nombramiento o provisión hay varios expedientes en el Archivo Diocesano de Mondoñedo.
En el transcurso de los años los restos de esta nobleza terminaron perteneciendo al marquesado de Medinaceli y al conde de Pallares, de Parga, quien dirimió en 1927 los “Foros” o lugares de los colonos, que en esa fecha pasaron a ser definitivamente dueños de la propiedad.
(Enrique Rivera Rouco, agosto de 1996).
Ermita de San Esteban
El partido de Roupar de Abajo, conocido tamibén por “A Tallería”, se halla situado dentro de un paisaje pintoresco, en el lado noroeste de la parroquia, respaldado por las sierras de “Pena Moura” y “Monte Caleiro”, que delimitan a Roupar de las Feligresías de El Burgo y As Pontes. Tiene su propio patrono, San Esteban, que, aunque en el santoral su día es el 26 de diciembre, viene celebrándose el domingo de Pentecostés ya tradicionalmente. …Fue erigido por devoción particular sin ser dotado de “Capellanía fundacional” como los de origen aristocrático.
Su antigüedad se remonta por lo menos a tres siglos atrás. Es significativo que el barrio circundante lleve el nombre de “A Ermida”, lo que lo sitúa.
Al parecer, fue construida por la llamada “Casa de Vieito” sita en las cercanías, de la cual proceden los ascendientes predecesores de las familias Vieito Souto y Mouriño Vieito.
Por el año 1945 sufrió un incendio causado por una vela que inadvertidamente quedara encendida. Pereció el retablo quedando solo las paredes y afortunadamente se salvaron las antiguas imágenes de S. Esteban, S. Mateo y las Vírgenes de la Dolorosa y de la Concepción.
El edificio, al ser reconstruido, perdió parte de su tipismo primitivo.
(Enrique Rivera Rouco)
Ermita del Campo
Este santuario, dedicado a la Virgen del Carmen y San Cayetano, fue erigido a principios del siglo XVIII por el Conde Sánchez, hijo del Conde Sancho Arias y de su esposa Dª Juana de Ozores, quien a su vez era sobrina del Conde de Amarante (Juan de Lemos y Sarmiento) al cual concedió el Rey Felipe IV el señorío de los “Cotos de Roupar y Lousada” en 1648 y fijó su mansión en el barrio de La Torre (Roupar) donde fundó la Capilla de San Roque, que se conserva en su estilo original. En la sucesión del Amarante este conde (Sánchez) percibió la zona Sur del Feudo: la zona del Campo y Lousada, que le otorgó el rey Felipe V en 1720.
Construyó el Santuario del Campo en el lugar actual; si bien fue reconstruido en 1960 perdiendo su mérito primitivo: estaba pisado de pizarra, era más grande la base y poseía un retablo neoclásico que lamentablemente fue destruido al renoval el edificio el edificio y además poseía en la parte superior, en bajorrelieve, la efigie facial del conde.
Contiene una imagen antigua, de vestir, de la Virgen del Carmen; una en cartón piedra de san Cayetano; una talla de madera del Sagrado Corazón y una imagen pequeña también antigua de madera, para imponer a los devotos.
En el Archivo Diocesano de Mondoñedo, sección de Expedientes de Provisión de Capellanías, se conservan varios expedientes relativos a esta fundación del Santuario del Campo, comprendidos entre los años 1739 y 1797, en los que eran nombrados los capellanes que lo rigieron y a propuesta del conde, el cual ostentaba el derecho de “presentación”.
Todavía quedan los restos de la casa usada por el Conde Sánchez los días que pasaba en el Campo de Roupar, situada en el barrio del mismo nombre, y en la cual se aprecian, enfilando la puerta de entrada troneras defensivas a través de la pared.
En el año 1902 fue construido, frente a la puerta de la ermita un importante crucero de granito que lo donó José Castelo y Esposa, según reza una inscripción de la base. Otra inscripción anuncia las indulgencias que le entonces Obispo de Mondoñedo concede a quienes recen una oración ante él. Es obra de los artesanos de la Comarca da Terra Chá (Lugo), estéticamente bien logrado, con capitel de orden corintio, imágenes miniatura sobe el capitel e imágenes del crucificado y la Dolorosa en la cruz terminal; relieves con los instrumentos de la crucifixión en el mástil y basamento cuadriculado con escaleras.
Enrique Rivera Rouco.
Texto e fotografías aportados por D. Xose María López Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes coa aprobación de D. Javier Martínez Prieto, sacerdote actual da UPA de Ortigueira a quen agradecemos o seu traballo e colaboración.