Archivo de la categoría: Sin categoría

CUARESMA, ¿TIEMPO DE DESIERTO?

De las tentaciones nos han enseñado a huír desde que tenemos la capacidad de hacerlo. Las tentaciones son peligros a los que no hacemos frente sino huyendo de ellos. Y, como el mundo está lleno de peligros, al final huír de ellos viene a ser lo mismo que huír del mundo. Fuera del mundo ya no tendremos tentaciones. Ya no las tendremos por haber caído en ellas. El que ha caído en la tentación ya no puede caer: solo puede levantarse. Y enseguida. Si no lo hace, si la tentación en que ha caído sigue viva en él, ya no estará dispuesto a levantarse. La costumbre se le hará naturaleza. Lo que tenía por malo se le convertirá en bueno. Fuera del mundo, en el desierto, viven los demonios y los endemoniados, es decir, los que saben que en el mundo no pueden hacer nada. Allí donde hombres y mujeres caminan de la mano, trabajan juntos, se ayudan y se dan apoyo y consuelo, el tentador no tiene nada que hacer.

Jesús lo sabía bien y por eso ni huyó al desierto ni huyó de las tentaciones. Ni se apartó del mundo ni de las tentaciones que en el mundo se encuentran. Por el contrario, les hizo frente. No huyó al desierto: el Espíritu le encaminó hacia él. No se quedó solo frente a los peligros. El Espíritu por el que hombres y mujeres pueden caminar de la mano, trabajar juntos, darse apoyo y consuelo, estuvo a su lado frente a los peligros. El desierto ya no es el desierto, de hecho, para él. Nos cuenta el más antiguo de los evangelios, el de Marcos, que el Espíritu encaminó a Jesús hacia el desierto enseguida. No le dio tiempo para nada: ni para pensar en lo que le haría falta en el desierto ni siquiera para desengañarse de este mundo y huír de él. No fue al desierto huyendo de este mundo como los desengañados. Fue el Espíritu quién lo llevó allí enseguida. No le dio tiempo a planear la huída.

Y nos cuenta también el más antiguo de los evangelios que allí, en el desierto, pasó Jesús cuarenta días viviendo entre las fieras. El evangelio de Marcos parece que fue escrito en los años sesenta del siglo primero, cuando Nerón echaba a los cristianos a las fieras en el circo. Los oyentes del evangelio suponemos que se estremecerían al oír a Marcos hablar de las fieras. Y quedarían asombrados, al mismo tiempo: Jesús no había sometido a las fieras sino que había convivido con ellas. En el fondo tenemos aquí el compendio y sustancia de las tentaciones a las que Jesús se vio expuesto y, en Él, también nosotros: echados a las fieras de este mundo -a los riesgos y peligros de los que nadie puede librarse-, ¿lucharemos contra ellas hasta someterlas o bien quedaremos nosotros mismos sometidos a ellas, esclavos del miedo a los peligros? En el relato de las tentaciones de Jesús tenemos la respuesta a nuestra pregunta: ni someter ni dejarse someter, vivir entre las fieras, convivir con ellas, es decir, amar y perdonar a nuestros enemigos.

En el fondo, la lucha en el corazón de quien no quiere someter a nadie ni dejarse someter por nadie es tan dura que nadie es capaz de sostenerla él solo. Por eso Jesús no está solo en el desierto. “Le servían los ángeles”, nos cuenta el evangelio. Los ángeles, ¿acaso no son aquellos que le dan un vaso de agua a cualquiera de los más pequeños de este mundo? Cuando lo estamos pasando mal de verdad, cuando huyen de nosotros los amigos con la excusa de hallarse muy atareados, ¿no son como ángeles para nosotros los pocos que siguen a nuestro lado? A huír de la quema, de los peligros, de las tentaciones, de los problemas: he aquí lo primero que aprendemos en la vida. Jesús, por el contrario, nos enseña a dejar de huír de nosotros mismos. Frente a cierta espiritualidad de la “fuga mundi”, del silencio y el desierto, hoy de actualidad, la de caminar de la mano, trabajar juntos, darse apoyo y consuelo, encaminados por el Espíritu de Jesús que nos lleva a donde nadie quiere verse: entre fieras y peligros. La Cuaresma, ¿es de veras el tiempo del desierto? A mí me parece que es el tiempo para dejar de huír.

Texto escrito por V.M.P

CORESMA, TEMPO DE DESERTO?

Das tentacións ensináronnos a fuxir dende que temos a capacidade de facelo. As tentacións son perigos aos que non facemos fronte senón fuxindo deles. E, como o mundo está cheo de perigos, ao final fuxir deles énos o mesmo que fuxir do mundo. Fóra do mundo xa non teremos tentacións. Xa non as teremos por termos caído nelas. O que caeu na tentación xa non pode caer: só pode erguerse. E axiña. Se non o fai, se a tentación na que caeu remanece nel, xa non querera erguerse. O costume faráselle natureza. O que tiña por mao háselle trocar en bo. Fóra do mundo, no deserto, viven os demoños e os endemoñados, é dicir, os que saben que no mundo non poden facer nada. Alí onde os homes e as mulleres camiñan da man, traballan xuntos, axúdanse e danse apoio e consolo, o tentador non ten nada que facer.

Xesús sabíao ben e por iso nin fuxiu ao deserto nin fuxiu das tentacións. Nin se arredou do mundo nin das tentacións que no mundo se atopan. Pola contra fíxoas fronte. Non fuxiu ao deserto: o Espírito encamiñouno cara a el. Non quedou só fronte aos perigos. O Espírito polo que os homes e as mulleres poden camiñar da man, traballar xuntos, darse apoio e consolo, estivo a caron del fronte aos perigos. O deserto xa non é deserto, de feito, para él. Dinos o máis antigo dos Evanxeos, o de Marcos, que o Espírito encamiñou a Xesús cara ao deserto axiña. Non lle deu tempo para cousa ningunha: nin para pensar no que lle faría falla no deserto nin sequera para se desenganar deste mundo e fuxir del. Non foi ao deserto fuxindo deste mundo coma os desenganados. Foi o Espírito quen o levou axiña. Non lle deu tempo para matinar a fuxida.

E dinos tamén o máis antigo dos Evanxeos que alí, no deserto, pasou Xesus corenta dias vivindo entre as feras. O evanxeo de Marcos disque foi escrito nos anos sesenta do século primeiro, cando Nerón botaba aos cristiáns ás feras no circo. Os oíntes do Evanxeo supoñemos que tremerían ao oíren a Marcos falar das feras. E ficarían abraiados, ao mesmo tempo: Xesus non asoballara as feras, senón que convivira con elas. No fondo temos aquí o resumo e o miolo das tentacións ás que Xesús viuse exposto e nel tamen nosoutros: botados ás feras deste mundo -aos riscos e perigos dos que ninguén pode afastarse-, ¿loitaremos contra elas ata asoballalas ou ben seremos nós mesmos asoballados por elas e escravos do medo aos perigos? No relato das tentacións de Xesús temos a resposta a nosa pregunta: nin asoballar ni deixarse asoballar, vivir entre as feras, convivir con elas, é dicir, amar e perdoar aos nosos inimigos.

No fondo, a loita no corazón do que non quere asoballar a ninguén nin deixarse asoballar por ninguén é tan acerba que ninguén é quen de sostela só. Por iso Xesús non está só no deserto. «Servíano os anxos», dinos o Evanxeo. Os anxos ¿seica non son aqueles que lle dan un vaso de auga a calquera dos máis cativos neste mundo? Cando o estamos pasando mal de verdade, cando foxen de nós os amigos coa escusa de se atoparen moi atarefados, ¿non son coma anxos para nos os poucos que seguen ao noso caron? A fuxir do lume, dos perigos, das tentacións, dos problemas: velaquí o primeiro que aprendemos na vida. Xesús, pola contra, apréndenos a parar de fuxir de nós mesmos. Fronte a certa espiritualidade da “fuga mundi, do silencio e o deserto, hoxe de actualidade, a de camiñar da man, traballar xuntos, darse apoio e consolo, encamiñados polo Espirito de Xesús que nos leva onde ninguén quere verse: entre as feras e os perigos. A Coresma ¿é, de feito, o tempo do deserto? A mín paréceme que é o tempo para pararmos de fuxir.

Texto escrito por V.M.P

LA ERMITA DE A SANTA DO CARBALLO DE AS PONTES

Outro artigo publicado por D. Enrique Rivera Rouco, o día 18 de maio de 1986 no xornal de A Voz de Galicia, está dedicado á ermida da Santa do Carballo, na parroquia do Aparral,. Nel fálanos da súa fundación, a lenda que a acompaña e da celebración do día da festa.


D. Enrique fixo un estudo sobre as capelas que hai espalladas polas parroquias e que iremos presentando en sucesivos artigos para poñer en valor estas pequenas edificacións que pouco a pouco e por varios motivos, van perdendo o auxe que algún día tiveron.

LA ERMITA DE A SANTA DO CARBALLO, DE AS PONTES
Por Enrique Rivera Rouco. 18 de mayo de 1986.

La ermita de A Santa do Carballo hállase situada en los límites parroquiales de la feligresía de Santa María de Aparral, municipio de As Pontes, al lado de la carretera general C-641-, a unos cuatro kilómetros de la villa de As Pontes de García Rodríguez.


Fue fundada hace varios siglos por una familia de dicho entorno, los antepasados de la familia Ledo Airado, cuya casa pertenece actualmente a los sucesores: Alfonso Pérez Carballeira y esposa.


La tradición oral de los mayores de la parroquia da cuenta de una leyenda que justifica la advocación de este santuario, la Virgen se apareció a la gente en un roble (carballo) en las inmediaciones del paraje en donde está la capilla, a saber, llamada Costa do Carballal, donde hay una fuente que aún hoy se conoce por Fonte da Virxen.


Entonces (hace más de cuatro siglos a juzgar por la documentación conservada) fue eregida la primitiva ermita en la orilla del arroyo Rego da Casilla (unos metros atrás de la actual), que dedicaron a la Virgen de la Ascensión, titular inusitado que evoca la Ascensión de Jesuscristo. Sería más normal dedicarla al Misterio de la Asunción de la Virgen, por ser fiesta mariana, sin embargo hay algunas (muy pocas) advocaciones de la Virgen de la Ascensión en la Península Ibérica y es esta una de ellas, con el consiguiente mérito que por tanto conlleva. Efectivamente la fiesta patronal vino celebrándose tradicionalmente el jueves de la Ascensión con nutrida asistencia de los vecinos y de romeros que concurrían del exterior y que todavía acuden. En el día de la víspera eran traídas procesionalmente las imágenes de San Juan y de la patrona de Aparral, desde la iglesia parroquial hasta la ermita, de donde retornaban tras la misa solemne de la fiesta.
En la descendencia de la familia fundadora hubo dos sacerdotes hermanos, don Constantino Juan y don Paulino Pérez Ledo.

El primero, que falleció muy joven y el segundo, don Paulino, construyó la ermita actual unos años antes de morir. Terminó sus días en 1953 siendo cura párroco de San Mamed de As Pontes. Posteriormente fue demolida la capilla primitiva, hecho lamentable ya que tenía gran valor de antigüedad. Por entonces fue adquirida la nueva imagen patronal, por iniciativa y apoyo económico de doña Carmen Fernández Pardo de As Pontes: una escultura de la Santísima Virgen con dos ángeles coronándola. La imagen vieja, de diminuto tamaño aunque con valor histórico, representa a la Virgen Reina, con corona real de plata.


La devoción y entusiasmo hacia la patrona A Santa do Carballo sigue pujante en aquel barrio y en los limítrofes, así por mano de los jóvenes vecinos de allí, fue lucida la capilla en el pasado año y en presente estrenará un nuevo juego de manteles y frontales en los altares. Enrique Rivera Rouco, Cronista oficial da Vila de As Pontes.

Texto aportado por Xose María Ferro ( Director do Museo etnográfico Monte Caxado)

Balance dos obradoiros de Cáritas da Unidade Pastoral As Pontes

Dende o grupo de Cáritas da Unidade Pastoral das Pontes, vimos desenvolvendo dende fai tempo diferentes obradoiros promocionais.

O máis antigo é o de alfabetización de persoas inmigrantes. Buscamos a formación e capacitación básica de mulleres inmigrantes, veciñas das Pontes, para mellorar o seu proceso de integración na nosa comunidade.

Ademáis, dende o ano pasado contamos cun obradoiros de costura, que tén como obxectivo non só aprender arreglos básicos de costura, senón tamén ser un espazo de diálogo, comunicación e encontro entre as persoas participantes.

Éstas tareas están siendo acompañadas dende os programas de territorio e familia de Cáritas Diocesana Mondoñedo – Ferrol.O esforzo das alumnas e das docentes é importante, a experiencia está a resultar moi gratificante.

LA PIEL DE LOS ENAMORADOS

Cuando Jesús extendió su mano y tocó al leproso que se le había acercado rogándole de hinojos, nos dice el Evangelio que “se conmovió profundamente”. Le conmovió, sin duda, aquella súplica del leproso jamás oída: “si quieres, puedes limpiarme”. Entre los cinco sentidos que, según la canción que le oía cantar a mi madre siendo yo un niño, “perdemos cuando nos enamoramos”, el del tacto es el de la libertad. Veo y no soy visto. Oigo y no soy oído. Huelo y no soy olido. Si toco con mi mano, en cambio, soy tocado. No puedo tocar sin ser tocado. Lo que toco me toca a mí. Si Jesús toca con su mano al leproso, éste le puede contagiar su enfermedad. La libertad no es solo la capacidad de elegir. Es también la capacidad de asumir las consecuencias de lo que elegimos. El hecho de que veamos, oigamos u olamos cualquier cosa no siempre tiene consecuencias para nosotros. El hecho de que toquemos algo las tiene siempre.


Jesús y el leproso lo sabían y por ello brotó del corazón del leproso aquella súplica jamás oída: “si quieres…”. Es la misma súplica que brota silenciosa en nuestro corazón tan pronto como alguien se acerca a nosotros: “trátame bien, trátame con tacto como tú también querrías que yo te tratase”. Cada cual puede ser para el otro como un dios que castiga o un hombre o mujer que acoge, ayuda o trata con tiento. Con tacto o sin él en lo que hacemos o decimos: he aquí la opción de la libertad. Ser libre no consiste en poder hacer o decir lo que a cada uno le dé la gana. Si la libertad se ha convertido hoy en un valor absoluto, intocable, es porque ha perdido su verdadero sentido hace mucho tiempo. Ha perdido el sentido del tacto, que es el sentido de la libertad. La libertad no es nunca un valor absoluto sino relativo. Sin tacto en lo que se hace o dice, en la manera de tratar a los demás, se convierte en un valor absoluto y se echa a perder por entero. El que juega a ser como Dios deja de ser lo que es: persona humana, alguien que no sufre el trato sin tacto.

Ahora podemos entender mejor la súplica del leproso que conmovió a Jesús. Le conmovió el hecho de encontrarse ante un ser humano en su más profunda verdad. La humildad de la súplica habla por sí sola al corazón de cada uno: ¿no habla también el leproso en nuestro propio corazón? En él cada cual bien puede sentirse representado. En él el Salvador toca nuestra piel, sensible al buen o maltrato, y nosotros tocamos su cuerpo, lleno de vida y de luz. Y, al tocar su cuerpo, la vida y la luz del Resucitado llega a nosotros y nos convierte en criaturas nuevas.

De algún modo el milagro del encuentro entre Jesús y el leproso tiene lugar en cualquiera de nuestros encuentros, siempre que tratamos a los demás como quisiéramos que ellos nos tratasen. El tacto, en contra de lo que cantaba mi madre, no podemos perderlo ni siquiera “cuando nos enamoramos”.

Texto escrito por V.M.P.

A PEL DOS NAMORADOS


Cando Xesús alongou a súa man e tocou ó gafo que se lle achegara e lle pregara de xeonllos, dinos o Evanxeo que “se conmoveu fondamente”. Conmoveulle, sen dubida, aquela pregaria do gafo xamais ouvida: «Ti, se queres, podesme limpar». Entre os cinco sentidos que, segundo a cantarela que eu mesmo lle teño ouvido de rapaz a miña nai, «perdemos cando nos namoramos», o do tento é o da liberdade. Vexo, e non son visto. Ouzo, e non son ouvido. Ulo, e non son ulido….Se apalpo, en troques, son tocado. Non podo apalpar sen ser tocado. O que toco tócame a min. Se Xesús apalpa ó gafo, o gafo podelle contaxiar a sua doenza. A liberdade non é so a capacidade de elixir. E tamén a capacidade de asumir as consecuencias do que eliximos. O feito de vermos, ouvirmos ou ulirmos calquera cousa non sempre ten consecuencias para nos. O feito de apalparmos tenas sempre.

Xesus e o gafo sabíano e por iso xurdiu do corazon do gafo aquela pregaria xamais ouvida: «se queres…». E a mesma pregaria que xorde silandeira no noso corazon axiña que alguén se achega a nos: «trátame ben, trátame con tento como ti tamén quererias que eu te tratase». Cadaquén pode ser para o outro coma un deus que castiga o un home ou muller que acolle, axuda ou trata con tento. Con tento o sen tento no que facemos ou dicimos: velaí a escolla da liberdade. Ser libre non e poder facer ou dicir o que a cadaquén lle dea a gana. Se a liberdade converteuse hoxe nun valor absoluto, intocabel, e porque perdeu o seu verdadeiro sentido hai moito tempo. Perdeu o sentido do tento, que é o sentido da liberdade. A liberdade non é endexamais un valor absoluto senón relativo. Sen tento no que se fai ou se di, na maneira de tratalos outros, convértese nun valor absoluto e bótase a perder de todo. O que xoga a ser coma Deus deixa de ser o que é: persoa humana, alguén que non atura o trato sen tento.

Agora damos entendido mellor a pregaria do gafo que conmoveu a Xesús. Conmoveulle o feito de se atopar diante dun ser humano na sua mais fonda verdade. A humildade da pregaria fala de seu ó corazon de cadaquén: ¿non fala tamén o gafo no noso corazón? Nel cadaquén pódese sentir representado. Nel o Salvador toca a nosa pel, sensibel ó bo ou maltrato, e nós tocamos o seu corpo, cheo de vida e de luz. E ó tocarmos o seu corpo a vida e a luz do Resucitado chega a nós e fainos creaturas novas. Dalgún xeito o milagre do encontro entre Xesús e o gafo ten lugar en calquera dos nosos encontros, sempre que tratamos aos outros como quereríamos que eles nos tratasen. O tento, malia a cantarela de miña nai, non podemos perdelo nin sequera “cando nos namoramos”.

Texto escrito por V.M.P.

DEVOCIÓN DOS SETE DOMINGOS DE SAN XOSÉ

A Igrexa, seguindo unha antiga costume, prepara a Festa de San José, o día 19 de marzo, adicado al Santo Patriarca os sete domingos anteriores a esa Festa en recordó dos principais gozos e dores da vida de San Xosé.

En concreto, foi o Papa Gregorio XVI quen fomentou a devoción dos sete domingos de San Xosé, concedéndolles moitas indulxencias; pero S.S. Pio IX lles deu actualidade perenne co seu desexo de que se acudira a San Xosé, para aliviar a entón aflictiva situación da Igrexa Universal.

A continuación vos deixamos enlace o vídeo, con reflexións de Monseñor Munilla, correspondente o primero domingo, do pasado domingo 31 de Xaneiro.

Xesús fronte os psicologos

Neste mundo noso, no que son tan abondosos os mestres ou gurus, expertos e mais especialistas, custa moito achegarse a persoa de Xesús sen pensar nel como noutro dos grandes mestres espirituais da Humanidade: Sócrates, Xesús, Buda…Tamen Xesús tivo discipulos: os que seguiron a sua doutrina e souberon facer chegar a sua mensaxe de amor universal. O feito de falarmos, nos hoxe, de «discípulos» ou de «mensaxe» xa fala de seu: Xesús e logo outro mestre….Se non o fora non teria discipulos nin mensaxe. Na nosa espiritualidade a carta, podemolo elixir coma mestre noso. Ou mesturar, se cadra, a sua doutrina ca de Buda. Ou vela reflectida na dos mestres do moderno hinduismo. Cadaquen escolle as crenzas ou doutrinas que millor lle parecen. Cadaquen segue ao seu mestre.

A Xesús, poren, non somos nosoutros quen de elixilo coma mestre noso. Somos quen de elixir e seguir a doutrina de Buda, por exemplo. A mensaxe de Xesús non somos quen de seguila. Non somos nosoutros os que eliximos e seguimos as pegadas de Xesús. E o mesmo Xesús o que elixe e chama aos seus discipulos. Se non temos isto en conta non daremos distinguido a Xesús dos mestres e gurus espirituais que somos quen de seguir neste mundo noso. O feito de sermos nos os elixidos e chamados e non os que elixen a carta ou segundo as suas comenencias e a cerna do conto. A min, alomenos, pareceme moi esquecida nestes tempos nosos a diferenza entre Xesús e os mestres espirituais. Esquecida mesmo polos cristians, que seguen doutrinas e mestres que falan moito de Xesús pero pouco do que lle afasta dos grandes mestres.

Ao meu entender, non son aqueles pescadores que deixaron os seus aparellos a beira do mar de Galilea e seguiron a Xesús convertendose dese xeito nos seus primeiros discípulos os que mellor nos poden axudar a entender hoxe a diferenza entre Xesús e os mestres espirituais. O Evanxeo falanos doutros discipulos. Non sabemos os seus nomes pero tivo que habelos. Refirome aos que puido haber entre os doentes e endiañados que Xesús sanou. Aqueles pescadores puideron deixar os seus aparellos a beira do mar e seguir a Xesús cos seus pes. Foron quen de deixalo todo e seguir ao seu mestre. Os doentes, en troques, non eran quen de facer nada. Non eran quen, nin sequera, de achegarse a Xesús. Da sogra de Simon, por exemplo, dinos o Evanxeo que estaba deitada con febre. Foi o mesmo Xesús o que, «achegandose, colleuna pola man e ergueuna». O Evanxeo dinos tamen que «chegada a tardiña, levaronlle a Xesús todolos doentes e mais endemoñados…». Non foron eles…

Se hai unha cousa a que lle temos medo os homes do noso tempo e a non sermos quen de facer nada por nos mesmos, sen axuda. A non valermonos. Sermos independentes e o primeiro dos nosos valores. Non precisar de ninguen. De feito os gurus da psicoloxia mesturada coa relixion que atopamos na internet non falan doutra cousa: «se ti mesmo, fai o teu camiño en soidade, so con Deus…todo aquilo do que precisas telo dentro de ti. Eu sou o teu mestre e vouche axudar».
Supoño que por iso, cando pensamos nos primeiros discípulos de Xesus so acordamos dos que deixaron os aparellos. Non pensamos nos que non puideron deixar nin o seu leito, nos que non puideron achegarse a Xesus, nos que foron levados nas padiolas, nos dependentes de todo…

Xesus non vai sandar a todos os que lle andaban a buscar. Isto tamen e moi importante telo en conta. Non vira so sandar. Vira tamen predicar dun sitio a outro. A palabra tamen sanda. Sanda porque chega ao corazon de cadaquen. Non deixa indiferente a ninguen. Fai o seu traballo, como dixo o profeta…Non e o traballo que facemos nos ao meditala ou estudala. Os mestres e os psicologos convidannos a facer un traballo, a «traballarmonos a nos mesmos». A Palabra de Deus, en troques, non nos convida a traballar. Todo o traballo faino ela. Todo o traballo fixóo dunha vez por sempre a Palabra feita home, morto e resucitado por nós. Ao que nos convida a Palabra de Xesús e a acollela na nosa vida. A acollermonos os uns aos outros nela. So iso. Mais nada e non che e pouco.

DO ABRAIO A FE

Foron moitos os que, secundo o evanxelista, ficaron abraiados diante dos feitos e das palabras de Xesus. Del deron en dicir que «ensinaba como quen ten autoridade e non coma os letrados». Disque o abraio e o alicerce da filosofia. Pampo ou perplexo, o home anda a procura das razons do que ve cos seus ollos: «¿Que e isto? ou, se cadra, ¿como vai ser isto». A verdade entra polos ollos e chega o corazon a xeito de pregunta.
Non todo o que entra chega: isto e bo telo en conta. Para que o que entra polos ollos chegue o corazón ten que haber corazón. Se non o hai, o abraio vaise dos ollos coma escuma que o mar deixou na praia e foise.Foron moitos os abraiados diante das palabras de Xesus. A cantos se atopaban na sinagoga de Cafarnaum, letrados e ointes fieis da Palabra de Deus, cando Xesus se puxo a ensinar nela, apampounos a sua autoridade na maneira de ensinar. Ningun deles, poren, obedeceu a sua palabra. A verdade entrou polos seus ouvidos pero non chegou o seu corazón. O seu abraio foi coma escuma na praia. E iso que eran ointes fieis da Palabra…Sabian oila e mais interpretala.
Pero non obedeceron, non deron resposta as palabras de quen lles falaba con autoridade. Pampos o escoitaren as palabras non deron resposta a Palabra da que viñan as palabras.A resposta da fe a Palabra de Xesus non veu dos fieis nin dos letrados, xuntos na sinagoga de Cafarnaum a hora do culto. Entre os ointes das palabras de Xesus o abraio foi coma escuma que deixa o mar na praia e vaise. «E cadrou que había naquela sinagoga un home posuido por un mal espirito…», lemos no Evanxeo. «E cadrou…»: o que non tiña espazo na sinagoga, o que non tiña que xuntarse cos fieis, o maldito de Deus, cadrou que se atopaba ali tamen, no medio dos fieis e dos letrados. E cadrou que foi del so do que veu a resposta da fe. Puxose a berrar e no seu berro oiuse a voz de moitos dicindo: «¿Que temos que ver contigo?». Os moitos que berraban no home posuido polo mal espirito tiñan tan pouco que ver con Xesus como os fieis e os letrado co home que berraba dese xeito. Como o Espirito de Deus cos malos espiritos. Como a luz cas tebras.O mal nunca chega so. Sempre chega con outros. Faise forte porque e complexo, enguedellado. Son moitos o mesmo tempo. E unha mestura de sentimentos o que remexe dentro de nos. Por iso o home posuido por un mal espirito berra ca voz de moitos. Berra, non fala. O berro e unha mestura. O berro remexe os sentimentos dos ointes. No medio da mestura, poren, imos escoitar a resposta da fe: «Ben sei quen es ti: elo Santo de Deus». Xa non se oe un berro: agora escoitase unha resposta. Fala un, non moitos. A Palabra de Xesus xa non fica nos ouvidos abraiados, como a escuma. A Palabra de Xesus chega o corazon do maldito, do non ointe, do non merecente. E o espirito obedece daquela o mandado de Xesus: «cala e botate fora dese home». Para que o que entra polos ouvidos chegue o corazon ten que haber corazon. A fe devolvenos a nos tamen o corazon, posuido adoito polo espirito do malo ainda que esteamos entre os ointes fieis e abraiados das palabras do Señor. Unha cousa e o abraio, outra a fe.
 
Escrito por V.M.P.