Nos pareció tan bonito que hemos querido compartirlo:
El primer teléfono inalámbrico fue creado por Dios. Lo llamó ORACIÓN. La oración nunca pierde la señal y NUNCA tienes que cargarla. ¡Úsala en cualquier lugar! ¡ Me encantó esta interpretación de la oración ! La oración no sólo ocurre cuando nos arrodillamos o juntamos nuestras manos y nos enfocamos y esperamos las cosas de Dios. * Piensa positivamente y ten buenos deseos para los demás. Es una oración. * Cuando abrazas a un amigo. Es una oración. * Cuando cocinas algo para alimentar a familiares y amigos. Esta es una oración. * Cuando decimos buenos días, buenas tardes y buenas noches. Esta es una oración. * Cuando le decimos a nuestros seres queridos, ‘cuídate’. Esta es una oración. * Cuando estás ayudando a alguien que lo necesita, dando tu tiempo y energía. Estas rezando * Cuando perdonas a alguien desde el corazón Esta es la oración.
La oración es: – Una acción – Un sentimiento – Un pensamiento La oración es la voz del amor, la amistad, las relaciones genuinas. La oración es una expresión de tu ser silencioso.
Sigamos en oración…por aquellas personas que estan en nuestro tren y tanto necesitan de ella .Asi sea .🙏🏻
¿Hay un amor para siempre? Nuestra sociedad ha tomado conciencia de que nada es para siempre. El amor, tampoco. También el amor se acaba. Pero, cuando pensamos en un amor para siempre, ¿en qué estamos pensando? ¿En un amor que dura sin altibajos a través del tiempo? Nada vivo es capaz de tal cosa. Lo vivo necesita cambiar. Por eso el amor cambia para seguir vivo. El amor de ayer no puede seguir siendo el de hoy ni será tampoco el de mañana. La cuestión es entonces cómo unir el ayer al hoy, el hoy con el mañana. Cómo el amor puede ser el mismo sin ser lo mismo.
La cuestión no es la duración sino la unidad del amor, la unión de los que se quieren a través del tiempo y de la diferencia que los tiempos van marcando a través del tiempo. Somos los mismos pero no somos lo mismo con el paso de los años. Por eso el amor no dura, no permanece idéntico mientras el tiempo pasa. Lo que dura es lo duro. Jesús reprochaba a los fariseos su dureza de corazón. El corazón duro no cambia nunca. Permanece endureciendose cada vez más. El egoísta es cada vez más egoísta. El que tiene retiene y acumula. El que se ama solo a sí mismo acaba repudiando a todos los demás.
Ahora bien, ¿cómo distinguir las dos ciudades que, según San Agustín, fundan dos amores: el amor a uno mismo hasta el olvido de Dios -de todo otro- y el amor a Dios -al otro- hasta el olvido de uno mismo? Me parece que el de la permanencia es un buen criterio para distinguir el uno del otro. Lo duro dura. Lo vivo -lo necesitado de cambio, como supo ver Aristóteles- no dura. Hay que cuidarlo cada día, uniendo el amor de ayer al de hoy y el de hoy al de mañana. Lo vivo no se endurece. Necesita sentirse vivo, joven y actual, cada mañana. Lo vivo aspira a la belleza y hondura del momento, del gesto, de la palabra o el detalle. Lo vivo busca el amor como la cierva sedienta las corrientes de agua, en palabras del salmista.
«Ya no son dos sino una sola carne», sentencia Jesús acerca del hombre y la mujer que, dejando a su padre y a su madre, se unen en matrimonio. Ya no son dos egoísmos que se unen, porque los egoísmos no se pueden unir. Se pueden juntar pero no unir. Solo el amor, que viene de Dios según San Juan y que es el fruto de la fe según San Pablo, es capaz de unir. Así cabe entender aquellas palabras de Cristo: «lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre». Lo separa el hombre que no cuida su amor cada día, el que, creyendo creer y amar, vive sin fe y sin amor. Aquellos fariseos cuya dureza de corazón condenaba Jesús abiertamente, ¿no continúan su obra entre las personas religiosas de nuestros días? Lo duro, por desgracia, dura.
O vindeiro domingo 3 de outubro, na Igrexa do Poboado as 12h terá lugar a misa, para toda a Unidade Pastoral das Pontes, de inicio da catequese.
A partir do sábado 9 de outubro (de 11 a 12h) nos locales de Cáritas, os nenos e nenas de tercer curso de primeira comunión, comenzarán a catequese.
Os nenos e nenas de 1° e 2° de primeira comunión (de 11 a 12h), así coma os grupos de post comunión e confirmacion ( de 1230 a 1330h) comenzarán a catequese nos locales de Cáritas.
Asimismo, está abierto o plazo para anotarse no grupo de catequesis de adultos.
Se ainda non te anotaches, podes facelo no horario de despacho parroquial na Casa rectoral os xoves de 11 a 13h ou mercores e sábados de 2030 a 2130h, ou no email unidadpastoralaspontes@gmail.com ou no teléfono 619559609
Tener que elegir -apunta el historiador americano James M. Redfield en su estudio sobre la obra y el mundo de Homero- es la carga que nos impone a todos la sociedad. Es una carga porque elegir implica rechazar o renunciar. Si yo elijo un camino renuncio a otros posibles. Si elijo a una persona -si le doy mi voto en una elección democrática- rechazo otros candidatos alternativos. Para acallar nuestra conciencia, siempre abierta a otras posibilidades, solemos decirnos cosas como que «no hay mucho donde elegir». Creyendo elegir «entre lo malo y lo peor» -el mal menor- uno acalla su conciencia y pasa a otra cosa.
El problema de la conciencia es que habla siempre y que nunca se la puede acallar del todo. La conciencia es responsable de las posibilidades que se le abren a cada paso. Podrá cerrarse a ellas pero ellas siguen abiertas a la conciencia. Cuando Jesús preguntó a sus discípulos de qué venían discutiendo por el camino, ellos enmudecieron ¿Por qué? Porque su Maestro, al interrogarles, estaba llamando a la puerta de una conciencia cerrada. Venían discutiendo acerca de quién era más grande entre ellos. Tener que comparar y elegir conlleva tener que rechazar y descartar, cerrarse a posibilidades abiertas a la conciencia. Por eso enmudecieron al escuchar la pregunta de de Jesús. Era la más natural y espontánea, la más inocente de todas las preguntas posibles que un ser humano puede hacerle a otro: «¿de qué hablas?, ¿de qué venías hablando por el camino?».
Recordada por todos es la respuesta de Jesús al mutismo de sus discípulos. No les había preguntado sobre su opinión acerca de algún asunto: opinar es elegir opinión, tomar partido. Les había preguntado simplemente por el asunto mismo. Cualquier asunto es interpretable: algo sobre lo que podemos hablar y discutir. Y, más que ninguno, el asunto que somos los propios seres humanos, la vida que vivimos y los problemas que la vida nos plantea. No hay respuestas cerradas, definitivas, a los problemas de la vida humana. Con ellos la conciencia se abre a posibilidades diversas. Con ellos la conciencia misma se manifiesta como lo que es: apertura, acogida.
Y de apertura o acogida es de lo que nos habla la respuesta de Jesús a sus discípulos. No habla con palabras sino con un gesto simbólico. Levanta con sus brazos a un niño -un ser insignificante como cualquiera de nosotros en el fondo- y sentencia:
«el que acoge a un niño como éste en mi nombre es a mí a quien acoge».
Un momento antes -importa recordarlo- había salido al encuentro de nuestra conciencia enfrentada por la sociedad a la necesidad de elegir y rechazar tomando la libertad de cada uno como quien coge el toro por los cuernos: «si alguien quiere ser el primero…».
No dice Jesús: «si alguien quiere elegir al primero, al más grande…». Esto es lo decisivo en el mensaje de Jesús. La libertad más honda, más íntima, no consiste en elegir -no es una carga, la de tener que elegir- sino en ser uno mismo. Y ser uno mismo, ser aquello que uno quiere ser, consiste en acoger al niño que cada uno de nosotros es, en el fondo. Y acoger al niño que es cada uno de nosotros es, en la práctica, acogerme a mí mismo como ser insignificante. Insignificante, no porque sea poca cosa -casi nada en tiempos de Jesús- o el candidato menos malo en una elección democrática, sino porque no conozco de antemano el significado de mi propia existencia. No tengo la respuesta a los problemas de la vida. Pero tengo una conciencia abierta a posibilidades. Tengo la posibilidad de las posibilidades, la capacidad de abrirme a todas. Soy esa misma apertura, esa misma capacidad de acogida. Soy el «primero y el último» – el «eschatos», en palabras de Jesús-, el servidor de todos.
Si alguien piensa en quién o que camino elegir en la vida, que piense primero en acogerse a sí mismo tal como es y en acoger a los demás tal como pueden llegar a ser si los acogemos «en el nombre de Jesús». Nada ni nadie es rechazable por el mero hecho de existir. De todos somos servidores.
Los que siguen pensando que la libertad consiste en poder elegir o renunciar -o, más bien, en tener que hacerlo, como apuntaba Redfield- acaban siendo esclavos de las decisiones que un día tomaron creyendo tomar, por supuesto, la menos mala posible. Nadie que sea servidor de todos será nunca, en efecto, esclavo de nadie.
Debido al traslado del sacerdote Víctor Márquez desde la Unidad Pastoral de As Pontes a Castro de Rei, para sustituir a Javier Rodríguez Couce, quién falleció hace unas semanas, motivo por el cual hubo que adaptar los horarios de misa a las nuevas circunstancias y son los siguientes:
AS PONTES – IGLESIA PARROQUIAL – DOMINGO: 12:00H CAPILLA DEL CARMEN – TODOS LOS DÍAS: 19:00H
AS SOMOZAS – IGLESIA PARROQUIAL – 2º Y 4º DOMMINGO: 10.30H CAPILLA DE SAN ROQUE – VIERNES: 17:00H
SEIXAS – 1º Y 3º DOMINGO: 10.30H
ROUPAR – DOMINGO: 10:30H
RECEMEL – 1º Y 3º SÁBADO: 12:00H
APARRAL – 2º Y 4º DOMINGO: 12:00H
PIÑEIRO – 1º DOMINGO: 18:00H
MIRAZ – 3º DOMINGO: 17:30H
O FREIXO, SOMEDE, O DEVESO, SAN XOÁN DO SEIXO, ESPIÑAREDO, VILAVELLA – Se celebrará la Eucaristía en momentos determinados y por petición de los fieles.
Dios es luz sin sombra alguna. El mundo, a su vez, luz que deja sombras. Luz que asombra.
La luz de la fe es claridad que envuelve y baña todas las cosas. La claridad no brilla, aclara. El mundo, en cambio, brilla tanto que deslumbra a quien pone en él sus ojos. No aclara nada. No hace falta: hay lo que hay, lo que no se puede no ver porque está a la vista. El mundo presta -o resta- su brillo a cuanto lo necesita.
¿Qué pasa, entonces, con lo que no necesita brillar? Lo que no necesita destacar, ser importante, queda en la sombra. La sombra es su lugar propio: allí donde no llega la luz de este mundo. Dice el Papa Francisco:
«no importa saber que Jesús fue grande en la historia: importa el lugar que yo le doy en mi vida».
No importa, pues, lo importante. Lo que brilla -la grandeza de Jesús en la historia- no es lo que importa. Lo que importa no es importante: ¡paradoja cabal! El lugar «que yo le doy a Jesús en mi vida» no es importante. No necesita serlo. No necesita destacar o brillar con la luz de este mundo. Su lugar es la sombra: allí donde no llega la luz de este mundo.
Pero, ¿por qué hablar de un lugar y de mí o de ti? ¿Por qué el Santo Padre piensa en aquel lugar que tú o yo podemos dar a Jesús? ¿Es siquiera posible dar un lugar a quien no cabe en ninguno pues su propia grandeza llena, si cabe, la historia entera? ¿Necesita un lugar el que todo lo llena?
Lo necesita, en efecto. Jesús le dice a Pedro, que le ha reconocido como el Cristo, aquellas palabras inauditas para el propio Pedro, para todos sus discípulos de ayer y de hoy, para ti y para mí:
«es necesario que el Hijo del hombre pase por muchas cosas…».
Pedro no puede creer que el Cristo, el último y definitivo enviado de Dios a Israel, tenga que pasar por cosas como el rechazo de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas así como la misma muerte violenta ¿Quién de nosotros se imagina por lo que puede llegar a pasar en la vida o por lo que pueden llegar a pasar sus seres queridos? Todos tenemos una idea acerca de a dónde queremos ir en la vida pero ¿sabemos por dónde nos puede llevar? Necesitamos un lugar para ella, para que, nos lleve por donde nos lleve, nos encuentre alerta. Más que saber lo grande que fue Jesús en la historia, lo que importa es «el lugar que yo le doy en mi vida…».
La luz de este mundo llega donde llega, asombrosa y espléndida. Más allá de ilusiones y proyectos, que brillan como lo más importante en nuestras vidas, se encuentra ese lugar sombrío por donde ni Pedro ni sus discípulos de ayer y de hoy se imaginan tener que pasar siguiendo a Cristo.
«Para ir a donde no sabes has de ir por donde no sabes…», enseña San Juan de la Cruz.
Dar lugar en la vida a Jesús, en palabras de Francisco, ¿no es cuidar del que encuentro a mi lado cada vez que paso en la vida por donde nunca hubiera creído tener que pasar? La luz de la fe no brilla, aclara solo ese lugar donde el brillo no llega – no necesita llegar- y la sombra queda…
Creo que soy feliz, que lo he sido desde que tengo conciencia de lo que significa serlo. Pero creo también que mi felicidad no ha sido nunca un estado: ni de bienestar ni de beatitud. No vivo en la dicha. Vivo dichoso en algún lugar de este mundo. Nada me ha hecho feliz. La felicidad se me ha dado. Cada vez que he escuchado la palabra «gracias» he sido feliz. Y, esperando volver a escucharla, he vivido agradecido. Mi felicidad es mi gratitud.
No puedo imaginar otra palabra en labios del sordomudo que Jesús curó una vez acercándose a su cuerpo, levantando sus ojos al cielo con un gemido y diciéndole: «ábrete». La primera palabra que pronunció el sordomudo en respuesta a la palabra de Jesús no pudo ser sino de gratitud. Sencillamente «gracias». En el evangelio no la encontramos, ciertamente, pero sí el eco de esta gratitud entre los circunstantes: «¡todo lo ha hecho perfecto…!». En estas palabras de asombro ante Jesús, ¿no resuenan aquellas otras que leemos en el relato de la creación, una vez concluida: «y vio Dios todo lo que había hecho y todo era muy bueno…»?
Pero ¿como va a ser bueno un mundo lleno de sordos, ciegos, seres dependientes, dolientes, desgraciados…? Si entendemos la felicidad como bienestar y no como gratitud, entonces las palabras del creador son un insulto a la inteligencia. Ahora bien, ¿qué es mejor? ¿Un mundo feliz? ¿O una sola persona agradecida?
La respuesta a esta pregunta es el evangelio de la curación del sordomudo. Ahí no vemos más que una persona abriéndose a otra. Un ser embotado, obtuso, insensible, incapaz de articular palabra -todo esto sugieren las palabras empleadas en el texto original- que, de pronto, se abre al otro. Cada vez que una persona se abre a otra el milagro se recuerda y la gratitud se proclama.
No es posible, acaso, en este mundo, la felicidad sin gratitud. Sí lo es, por supuesto, el bienestar, necesario siempre para todo menos para una cosa: para ser agradecido. La palabra de gratitud es la única palabra verdaderamente libre. La gratitud es libertad plena. El sordomudo llegó a ser él mismo abriéndose a la presencia de Jesús: empezó a escuchar con sus oídos y a hablar con sus propias palabras. Y la primera de todas las palabras es «gracias». Por eso cada vez que escucho esta palabra soy feliz. Mi felicidad no es un estado de bienestar. Es mi gratitud.
De las manos no se ha hecho elogio suficiente, que yo sepa. Soy de los que las juntan a menudo, recogen y entrelazan para darse calor y compañía. Las manos (se) unen. Son afables por naturaleza. Solo una mente alicorta ha podido reducirlas a instrumento de trabajo: a cosa, al fin y al cabo.
Los fariseos y escribas se reunieron una vez -nos cuenta el evangelio- y, viendo a algunos discípulos de Jesús que comían sin haberse lavado las manos según la tradición de sus mayores, le preguntaron al Maestro: «¿por qué tus discípulos comen con las manos comunes?». Manos comunes, manos que unen a las personas con las cosas y a las personas entre sí, no eran puras para los fariseos y escribas. No eran dignas de unir al ser humano con la divinidad, al siervo con su Señor.
Pero, ¿cómo es posible? ¿Cómo no va a unirnos a Dios lo que nos une a las cosas que cogemos para hacer con ellas algo humano y a las personas que tocamos para darles nuestra fuerza o nuestro amor, si es necesario? La respuesta, a la letra. Aquellos fariseos y escribas, que se aferraban a la tradición de sus mayores lavándose las manos antes de comer, «habían soltado el mandamiento de Dios», según el evangelio. No sabían tocar. Para tocar hay que soltar. Ellos habían reducido las manos a instrumento -a mera cosa- y con ellas se aferraban a la tradición de sus mayores.
De hecho, el evangelio nos recuerda que no solo se lavaban las manos antes de comer. También lavaban vasos, jarros y bandejas. En todo ello aferrados a la tradición de sus antepasados. Vivir aferrados a algo, lo que sea, cosifica aquello a lo que nos aferramos. Las cosas no tienen vida propia. Las cosas no se pueden tocar. Tocarlas es soltarlas, humanizarlas, amarlas de algún modo.
Los fariseos habían soltado el mandamiento de Dios porque todo el que se aferra a algo suelta lo demás sin darse cuenta. Aquellos hombres «adoraban a Dios con los labios pero su corazón estaba lejos de Él». La hipocresía de los fariseos era, como pueda serlo la de todo hombre en cualquier época, inconsciente, insensible como el tacto que se ha perdido para el trato con lo otro. Piedad vacía, sin tacto, incapaz de reconocer ni la profundidad de la piel ni la vida propia de las cosas.
Neste artigo da Revista das Festas Patronais, D. Enrique fai unha análise socio-económica de As Pontes na época dos García Rodríguez, explicando como pasou a eles o dominio territorial de As Pontes; fala tamén dos oficios que se practicaban nesa época, da agricultura, da poboación…
CONTEXTO SOCIO-ECONÓMICO DE AS PONTES EN EL DOMINIO DE LOS GARCÍA RODRÍGUEZ
Por Enrique Rivera Rouco,
Cronista Oficial de As Pontes.
El ilustre historiador gallego, D. José Santiago Crespo Pozo, constata en su obra “Blasones y Linajes de Galicia” que el régimen feudal en la Comarca de As Pontes fue ejercido por Don García Rodríguez y dos legítimos descendientes suyos, también llamados “García Rodríguez de Valcárcel”, desde finales del siglo XIV y a lo largo del XV, pasando posteriormente a depender de la Casa de Lemos.
El primero recibió este feudo por gracia del Rey Enrique II (“de las Mercedes”), que obligó al anterior dueño, su sobrino el Conde Pedro de Trastamara, a entregarlo al García Rodríguez y compensándolo con el señorío de Cedeira (1). Dice el documento de la cesión (conservado en el Archivo de Liria de Madrid) que le dona “la Villa de las Pontes con todo su término et alfos et jurisdicción et señorío et con todos sus derechos et pertenenzas…”
El nombre de “alfos” era entonces aplicado a distritos con varios pueblos sujetos a la misma jurisdicción, por lo que el feudo del “Señorío de las Pontes” (como era entonces nombrado) (2) debía ser extenso en tierras; limitaba con las posesiones del Monasterio de Caaveiro y no llegaban aún a estas cercanías las posteriores propiedades de la Casa “Pita” de Mera (que luego otorgó Felipe II por méritos de guerra, a un militar de dicha Casa, naciendo así el “Condado de Ortigueira”) y que llegó a poseer varios Lugares en El Freijo, en Gondré y el Lugar de A Carballeira de As Pontes.
Esta Casa de Mera fundó los Santuarios de Merlán, de Santomé (en El Freijo) y el de San Martín de Gondré en As Pontes, Recogiendo notas principalmente de la obra “Historia de España” de Luís Suárez Fernández (Manual para universitarios, de reciente publicación) en su volumen 7º, dedicado a los “Trastamara” (dinastía imperante en esa época sobre nuestro feudo y otros), así como de algunas otras fuentes, podemos formar una semblanza acerca de las condiciones de vida y vicisitudes en que se desenvolvieron nuestros antepasados de aquel entonces.
Fue Enrique II pródigo en “mercedes” o concesiones, engrandeciendo a muchos señores y permitiendo de esta forma una amplia subrogación de la autoridad real en los señoríos, que de este modo se convertían en jurisdiccionales, y también la constitución de mayorazgos (3).
Un beneficiado suyo ha sido nuestro feudal Don García Rodríguez, quien de escudero pasó a ser noble y su familia al alto linaje (4).
Construyó el todavía existente “puente de los hierros o puente viejo” según el historiador ferrolano, Benito Vicetto (5), y una fortaleza, de la que da cuenta Couceiro Freijomil en su relación de castillos de Galicia del año 1.603, donde añade que “estaba deshabitado y entrando en ruinas” (6).
El escudo de armas de este Noble presenta sobre campo de plata nueve cañones de oro en franjas de a tres, y continuaron con igual blasón sus descendientes, cual consta en el Instituto de Investigaciones Heráldicas de Madrid (7).
La población del Norte de Galicia (y por tanto nuestro feudo) era en esos tiempos compuesta por campesinos (“cultivadores o labradores” -no dueños-), caseros o arrendatarios, aparceros, asalariados, criados, practicadores de algunos oficios y muy pocos propietarios (subalternos hasta cierto límite del noble) (8).
La etapa de los Trastamara fue distinguida por el resurgir del comercio entre pueblos y también con el exterior, siendo privilegiadas nuestra Villa y Comarca en esas actividades al hallarse en la encrucijada de dos importantes rutas: de Lugo a Ferrol y del Barqueiro-Ortigueira a Betanzos-Coruña; de ahí la existencia de gran número de oficios y de artesanos, y la promoción de productos para atender no sólo la demanda de la zona sino para la venta en mercados y a compradores forasteros.
Predominaban los cereales y los ganados, también las maderas de castaño, roble, abedul, boj, etc.
Era abundante la venta de: cueros, cordobanes (o pieles curtidas), lana y prendas de lana y lino, carnes, grasad animales, miel, animales enteros secados , madera, etc.
Había grande número de artesanos y profesionales de oficios: ferreiros, fundidores, carboneros, tejedores, calcetadoras y “teladoras” (trabajadoras de telas, confeccionando prendas de lino y lana para cama y vestido), fabricantes de “vaixelas e enfeites do lar” (cerámica de vasijas y adornos), albardeiros, picadores e taleidores de pedra” (picapedreros y talladores en piedra)., “forxas de trabellos” (fabricadores de aperos), algunos transportistas, etc.”
Aunque fundamentalmente nuestra Comarca era agricultura y colonia de la nobleza, siguió contando con artesanos y empleados de oficios en los siglos siguientes, como refiere el Censo del Municipio de Puentes, elaborado en 1.752 por mandato del Marqués de la Ensenada.
La población venía gravada con tributos al Rey y rentas al Conde, así como con contribución “al común” o municipal y los diezmos e “impuesto de cruzada” a la Iglesia.
Solo a partir de finales del siglo XV le concedieron el derecho al reconocimiento de herederos (10).
A pesar de todo ello, es preciso reconocer que esta época delos Trastamara fue próspera debido principalmente al comercio, aunque ese incremento de la actividad mercantil no modificó en absoluto el predominio de la agricultura y ganadería sobre los demás sectores económicos, antes bien favoreció la explotación ganadera, principalmente en Galicia por ser ganados de carácter estable y no trashumante.
También favoreció la especialización de los cultivos, de los que el más importante era el cereal.
Asimismo, las grasas animales desempeñaban papel más importante que las vegetales en la alimentación humana (11). Vicente Risco, en su “Historia de Galicia” ratifica la misma teoría: “…con el comercio exterior, en los siglos XIV y XV, hubo en Galicia un notable enriquecimiento, que palió los trastornos de las luchas intestinas provocadas por los burgueses…”(12).
El motivo de que los nobles se esmerasen en fomentar el comercio radicaba en asociar las rentas al comercio en sus intereses (13).
En consecuencia, la agricultura se hallaba inserta en las corrientes de comercialización, atrayendo dinero y conduciendo a un proceso de paulatina concentración de propiedades, llegando a causar problemas la falta de graneros para almacenar el cereal (14).
También interesaba a los señores proteger la ganadería, primer elemento para el comercio exterior, porque las cabezas de ganado pagaban con regularidad el impuesto del “servicio y montazgo” (15).
Todas estas circunstancias trajeron beneficios a la población: fueron construidos muchos puentes y caminos y, al fino del año 1.400, se fundan numerosas ferias, entre las que destacaron las de Medina del Campo.
En Galicia ya existían algunas, por ejemplo las de Mondoñedo, mas fue en esa fecha cuando se prodigaron (16).
Es muy probable que daten de esas fechas las ferias de As Pontes, antiguamente muy importantes por su gran concurrencia y variedad de ventas, resultando instrumento de relaciones económicas de un área geográfica muy grande.
Fundamentamos este aserto en el contenido de un legajo del Archivo Municipal del siglo XVIII, que indica las diligencias realizadas con motivo de la interrupción de las ferias en el año 1.775 por orden del intendente Mayor de la Provincia de Betanzos antes la denuncia del Sr. Administrador de Rentas Provinciales en el sentido de que las ferias de Puentes no tenían satisfecho el pago de los impuestos correspondientes.
No se reanudaron hasta el año 1.788, en que, interpuesta apelación de la “Sala de Justicia del Consejo de Hacienda” por el Alcalde Mayor y Mayordomo de las Parroquias, pudieron se continuadas hasta la actualidad.
Dichos documentos hacen constar que en aquel intervalo sin ferias “Puentes sufrió un fallo económico de gran magnitud” y afirman que “venían celebrándose desde tiempo inmemorial” (17).
Nuestra Población de aquellos siglos (XIV y XV) junto con la prosperidad de la época también sufrió reveses; consignamos los cuatro principales:
a) -El episodio conocido en la historia como “La invasión de Galicia” por el Duque de Lancaster, que inicialmente puso en peligro la dinastía de Trastamara: el ejército británico desembarcó en La Coruña, casi por sorpresa un día significativo, el 25 de Julio -fiest de Santiago- de 1.386.
El Rey, Enrique II, con toda prisa hubo de rehacer sus tropas y establecer guarniciones fuertes a fin de que el enemigo no se acercara a la Corte, para ello movilizó los gallegos principalmente los residentes en los feudos de su familia o por él fundados, cual era el de As Pontes. La guerra fuera breve, pues los ingleses aceptando un armisticio, no pasaron de Orense (18).
b) -La peste “bubónica” (o Peste negra de 1.346), con gran influencia en el Nordeste de la Península, se desarrolló como una serie de ondas epidémicas que se repitieron en forma irregular en la segunda mitad del s. XIV y durante el XV.
Aunque tuvo menor intensidad en el Norte de Galicia causó descenso de habitantes y cierta desorganización en la vida de los campos (19).
c) -La guerra “hermandina” (o de los “Irmandiños”), desatada a mediados del siglo XV; con precedente en las anteriores “Hermandades” o alianzas para común defensa, tomó en dicha época caracteres de la guerra social de los colonos contra los señores atacando en avalancha las fortalezas.
De este conflicto recoge abundantes datos el historiador; José Couselo Bouzas. Relata como Don García Rodríguez de Valcárcel se vio obligado a refugiarse lejos de sus territorios durante un año, en que le sitiaron las fortalezas.
En la región del Eume fuera agredido el castillo de “la Villa de las Pontes” por muchedumbres turbulentas entre las que destacó como cabecilla el Cura de O Freixo.
Terminada la contienda los mismos atacantes hubieron de restaurar los desperfectos causados (20).
d) -Las acometidas que el vecino Andrade perpetraba en las posesiones del García Rodríguez, cometiendo robos y vejaciones.El abuso llegó al extremo de que nuestro Conde recurriese al Rey.
Benito Vicetto transcribe el “real privilegio” dispuesto con tal motivo: “…obimos querella de García Rodríguez de Valcárcel, nuestro vasallo, alegando que Fernando Pérez de Andrade e sus escuderos… que le entran a los cotos por nos otorgados en el valle del Eume a los prender por las monedas y alcabalas… no les guardando las dichas franquezas e mercedes e libertades en que están con lexítimo derecho al Don García Rodríguez….” (21).
Llegados al poder los Reyes Católicos no tuvieron que enfrentarse con las ciudades ni con las Cortes.
La única oposición potencial se encontraba en la nobleza, quien se resistía a entender la voluntad de los Soberanos: de que cada noble se sintiera no dueño sino administrador de un señorío, cuya propiedad debe pertenecer al linaje.
Par lo cual confirmaron los ya existentes mayorazgos (22).
Igualmente, antes el temor de que una escisión en el orden religioso conllevara la división política en sus Reinos, solicitaron al papa, Sixto IV, es establecimiento de la “Inquisición” contra los herejes.
El Papa lo otorgó en la bula del 1 de Noviembre de 1.478, autorizando a los Reyes escoger por sí mismos los inquisidores (23).En nuestra Villa la “Inquisición” tuvo como sede el edificio correspondiente a las fincas 20-22 de la Calle de San Juan, según la tradición popular y un plano del siglo XVIII que se conserva en la Biblioteca Nacional; presenta dibujados el suelo de las Parroquias de esta Comarca con las Iglesias, ríos, puentes, montes y la pequeña Villa de as Pontes ante su Templo.
Destacan dos edificios fortificados, uno en las mentadas fincas 20-22 y el otro (Llamado “Pazos de Rexiduría e da Cadea”) en la núm. 1 de la Plaza de la Iglesia, donde residían el Ayuntamiento y la Cárcel (24).
El Archivo Histórico del Reino de Galicia de La Coruña posee en su acervo documental un amplio y muy detallado informe acerca de la Villa y Feligresía de As Pontes -en todos sus aspectos- tres siglos después en el Censo que, con fecha 1.752, fue escrito por orden del Ministro de Fernando VI, “El Marqués de la Ensenada” (25).
La Villa estaba compuesta por 47 casas habitadas y 2 arruinadas, y el resto de la Feligresía por 178 casas habitadas y 4 en ruinas.Era Alcalde Mayor D. Juan Clemente Meira y Ron, y Dueña Feudal la Condesa de Lemos Dª Rosa de Castro con rentas y derecho de “alcabalas”.
Aunque la zona primordialmente agrícola, el número de dedicados a oficios sigue siendo considerable y también había varios artesanos, lo cual demuestra que la agricultura no era lo suficientemente pujante para absorber la actividad de la población, así como la destreza de los moradores para fabricar esos productos y la demanda de los mismos en las ferias y desde el exterior, dada la gran desproporción entre la producción de tantos operarios y el posible consumo local.
Abundaban los arrieros, los borreros (tapizadores de sillas de montar en caballo), muchos herreros y herradores, torneros de escudillas de palo, zapateros y curtidores, carpinteros, gran cantidad de carboneros, también muchas tejedoras (casi todas solteras), cunqueiros, etc.
Los ingresos anuales sumaban: 150 reales en los borreros, 100 los herreros, 180 los carpinteros, 300 los zapateros, 280 los sastres, 150 los torneros, 60 los carboneros, 120 las tejedoras, etc.
A pesar de la emigración de los años siguientes no desaparecieron los artesanos; continuó habiendo destacados fundidores, como José Castro (das Cortes), Ramón Pajón, José Vilaboy,; carpinteros, fabricantes de cerámicas del hogar en el llamado “torno das cuncas”, cuyo edificio duró hasta hace pocos lustros en la finca nº 24 de la Avenida de La Habana (siendo derribado para el ancho de la misma), un platero (en el núm. 14 de la actual Avda. de Galicia) etc.
Con la vida industrial y moderna de hoy día quedan muy pocas personas con esta vocación: en maderas la “Artesanía Severiano” y la de David Seco y su hijo Miguel, en metales los Hermanos Rodríguez Pajón; en fabricación de gaitas Manuel Cuba y una (ya casi extinta) cerería de Serafín Pérez.
El Pueblo de As Pontes pasó bruscamente de agricultor, artesano y de emigrantes, a industrial, con desorbitada inmigración, y la consiguiente metamorfosis social que va eclipsando su imagen de antaño.
As Pontes,
Fiesta Patronal de 1.988
NOTAS
1. Archivo del Palacio de Liria de Madrid. Pergamino: Año 1.372. C.189-A
2. Idem.
3. Luís Suárez Fernández. “Historia de España; vol. VII. Cap. II; Editorial de Gredos, 1985.
4. Idem (1) = El documento de la cesión.
5. Benito Vicetto. “Historia de Galicia”; vol. V, Cap. XV. – Ferrol, 1.865-72.
6. Coceiro Freijomil. “Historia de Puentedeume y Comarca”; Págs. 209-210. Santiago de Compostela, 1.944.
7.Instituto de Investigaciones Heráldicas de Madrid (C/ Vallehermoso 59), información al efecto recibida: Expediente nº 1 D 6588738.
8. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. VI.
9. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. XV.
10. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. XV.
11. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. VI.
12. Vicente Risco. “Manual de Historia de Galicia”; págs.. 175-176. Galaxia, 1.971.
13. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. III.
14. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. XV.
15. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. XV.
16. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. III.
17. Esta efemérides fue publicada por D. Ramón Tobar (Administrador de la Empresa Calvo Sotelo) en la revista de la Fiesta Patronal de As Pontes de 1.953, bajo el título: “Un fallo decisivo para la Villa”.
18. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. II.
19. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. VI.
20. José Couselo Bouzas. “La guerra hirmandiña”. Santiago, 1.926.
21. Benito Vicetto. “Historia de Galicia”; vol. V, cap. XV. Ferrol, 1.865-72.
22. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. XV.
23. Ibidem, Luís Suárez Fernández, Cap. XVI.
24. Biblioteca Nacional. Sección M.S. nº 7297.
25. Archivo Histórico del Reino de Galicia (La coruña). Serie 3ª -Hacienda- Catastro del Marqués de la Ensenada.
Texto e imaxe aportados por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado das Pontes.